AMANECER EN LA SELVA
El sol busca la tierra con sus rayos lineales en vuelo rasante. La luna
se despide y deja abandonadas las sombras crepusculares que van recuperando
todas sus tonalidades de colores. Surgen los primeros pájaros madrugadores en
vuelos desesperazantes a beberse el rocío de la mañana, el más fresco. Lavan
sus plumas en el arroyo ya menguante que anuncia el próximo verano y la
fugacidad de la primavera. Parecen disfrutar de la tregua de la llovizna.
Encuentran nuevos rincones aún sin explorar. Se saludan con chillidos
estridentes. Se contestan las distintas especies en la lengua de la selva. Algunos
deciden desayunar su fruta fresca. Nuevos saludos, se miran, se pican entre
ellos, sin rencor, es sólo por la comida. Algunos esperan su turno con respeto.
Comienza de nuevo la fina lámina de lluvia y buscan corriendo refugio
seguro encima del techo. Llegan los primeros visitantes y exclaman de gozo:
“llueve de verdad”. El tucán ahueca sus plumas y realiza un vuelo de árbol a
árbol, allí donde los monos se agachan tras las hojas. El silencio reina de
nuevo, sólo roto por los chiquillos que los van descubriendo. Flashes de fotos
y mira un tú aquel cocodrilo. Ésta es la selva. Ésta es la selva de Faunia.
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