jueves, 30 de diciembre de 2010

Libros de Navidad


Un amigo mío, Adolfo Torrecilla ha preparado una lista de libros para estas Navidades. Creo que estos listados tienen simepre una fecha concreta, la cual sirve como excusa para hacer un compendio de buenas lecturas, nada más. Quizás, Ee vacaciones se pueda leer más, pero debemos guardar estos datos que aparecen abajo y utilizarlos todo el próximo año. Poco a poco se pueden acumular lecturas hasta que nos llegue otro buen número de libros en verano.
Probad con una infusión, un sofá y un buen libro. ¿Qué más se puede pedir? A lo mejor, una chimenea al lado.Eso es para los que tienen suerte.
Os dejo el enlace. Guardadlo a buen recaudo.
http://www.tajamar.es/images/stories/File/Alumni/varios/librosnavidades2010.pdf

martes, 21 de diciembre de 2010

Feliz Navidad


Feliz Navidad a todos los que leéis el blog, sobre todo amigos. Estos días son de carreras y locuras, pero siempre encontraremos un minuto para pensar en estas grandes fiestas que son más que las prisas y las compras.
¡Feliz Navidad!

lunes, 13 de diciembre de 2010

En febrero


Los dos libros que tengo pendientes de publicación saldrán finalmente en febrero, más o menos. La cueva de los doblones aparecerá en la editorial Brief, El último vuelo del ave fénix, en la editorial San Pablo. Puedo decir que este ha quedado muy bien editado, pues me han mandado las pruebas. Me gustan las ilustraciones, el tamaño de la letra, la distribución de páginas y capítulos. Aún no he visto la portada.
De la cueva de los doblones aún no puedo decir nada.
En fin, pronto los tendremos entre manos.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Últimos retoques


Estoy con los últimos retoques de Cuando la sangre es tinta. Aprovecho para poner el título que ganó en la entrada donde os pedí vuestra opinión. La verdad es que es duro cerrar una novela. Para aquellos que niegan el pan y la sal a la literatura infantil y juvenil, les digo que lo intenten, que trabajen en una novela, que vean si es fácil o no. Este es quizás el peor momento, cuando por décima vez, o más, lees, apuntas, anotas, añades y quitas. Al final, lo dejas como completo, pero como siempre, con un regusto de no haber llegado a la perfección, que también agradecen los lectores. El escrito perfecto no existe.
Os dejo algunas citas que corroboran la dificulatd de la novela infantil y juvenil:

Ana María Matute: "La literatura infantil es muy difícil, como escribir sencillo, que la gente cree que es fácil y es dificilísimo, porque lo más fácil es escribir complicado."

Saramago: "Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena.
Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón".

viernes, 26 de noviembre de 2010

Entrevista a César Fernández García en Culturamas


Os dejo una entrevista a mi amigo César Fernández en Culturamas. La realiza otro amigo, Miguel Luis, y los dos están a una gran altura. Me parece interesante la idea de qué se debe encontrar en la buena literatura juvenil e infantil. Es la diferencia entre el entretenimiento y nada más, frente a la profundidad. Este es el enlace:

http://www.culturamas.es/blog/2010/11/24/entrevista-a-cesar-fernandez-garcia/#comments

jueves, 18 de noviembre de 2010

Trabajos y actividades de mis alumnos de TIC


Este es el segundo año que doy la asignatura de TIC en 1º de Bachillerato. En ella, tratamos de crear futuros escritores, periodistas, publicistas y cineastas. Parece un reto importante y lo es. Así explicamos cómo escribir bien, hacer guiones, crear cortos de cine, hacer anuncios. Esa es la forma de evaluación junto con un examen, que siempre es necesaria la teoría. El año pasado salieron buenos trabajos y, para que no se pierdan en la nada, hemos decidido colgar los del presente curso en un blog. Ahí aparecerá una selección de lo mejor.
Como me hace ilusión, os dejo la dirección para que echéis un vistazo:

http://actividades-de-tic-tajamar.blogspot.com/


Espero que lo visitéis con regularidad

jueves, 11 de noviembre de 2010

Cambio de título


Pocas veces me había sucedido, tengo dificultades con el título de mi última novela. No queda nada bien "Con sangre como tinta y papel de retal". Por mi cabeza ruedan otros títulos posibles. Os dejo una lista a ver cuál os sugiere más. Se trata de una especie de lluvia de ideas. De ahí que aparezca cualquier cosa. algunos parecerán ridículos.

Aquí las estrelllas brillan más.
Cuando la tinta es sangre.
Con tinta de sangre.
Sangre en el jirón de tela.
Con letras de sangre.
El chamizo abandonado.
El secreto del chamizo.
La verdad de la tumba.
El secreto está en la tumba.
Familias enfrentadas.
Montillas y Alarcones.

Bueno, perdón por algunos de los títulos. Estoy pensando en voz alta.
Echadme una mano, por favor.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Libros electrónicos


He leído una gran entrada en el blog de mi amigo Miguel Luis sobre los libros electrónicos. http://dondevuelanlasaguilas.blogspot.com/2010/11/un-e-book-por-navidad.html.
Es uno de los temas estrella en mis clases de Bachillerato y he leído varios artículos sobre el futuro que nos espera con este artilugio.
¿Triunfarán los libros electrónicos? ¿Serán las editoriales de siempre las grandes perjudicadas? ¿Habrá más lectores? ¿Accederá todo el mundo a este nuevo tipo de lectura? ¿Desparecerán lso libros de papel? ¿Los grandes ilustradores? ¿Seremos los escritores los grandes perdedores? ¿Proliferará la literatura sin criba de las editoriales? ¿Aparecerán grandes autores que renovarán todo y que hasta entonces estaban frenados por el interés comercial?
Hay muchas preguntas y pocas respuestas. Lo seguro es que lo veremos en breve. ¿Cinco años?
¡Ah! Y que como siempre, los escritores, más que nunca, seguiremos creando novelas por amor la arte.

domingo, 31 de octubre de 2010

Con sangre como tinta y papel de retal


Ese es el título de la última novela que aún no he cerrado. Bueno, la he terminado en falso, pues a toda velcidad, con el tiempo en contra y el blog semiabandonado, he escrito deprisa. Quería mandarla a un concurso literario que cerraba por estas fechas. Creoq ue ha quedado bien, aunque ahora la repasaré y descubriré errores. Estos me dolerán en el alma, más aún sabiendo que alguien los lee. Espero que sean mínimos, pasables.
También he dedicado el tiempo a leer el último manuscrito de mi amigo César Fernández. Tiene su estilo, su profesionalidad y su buen hacer. Cada vez se supera, como debe ser en un autor. Nuestro siguiente escrito muestra lo que hemos aprendido creando la anterior.
Otro amigo, Miguel Luis Sancho, ha comenzado a escribir otra novela. Tiene buena pinta. He leído cinco capítulos y estoy deseando seguir. Engancha.
Como veis, la vida sigue.

jueves, 21 de octubre de 2010

La larga espera


Tras la última redacción-corrección de una novela, llega un tiempo de espera, unos seis meses como media, en los que las editoriales reciben, leen y deciden sobre tu manuscrito. Después, en caso de que la respuesta no sea una carta hábilmente urdida para denegarte la edición sin herir tus sentiminetos y tus ánimos, llegan otros meses de espera. Pueden ser seis, doce, lo cual completa el año. Por fin, ves en tus manos, el libro impreso.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que acabaste la novela y la ves en papel? ¿Año y medio? Por eso, los últimos días finales en los que se aproxima el momento tan esperado, se hacen tan largos.
¡Qué ganas tengo de que vean la luz de las librerías El destino del último ave Fénix y La cueva de los doblones! El primero lo acabé de escribir hace ya casi dos años. "Tempus non fugit" en algunos casos.

martes, 12 de octubre de 2010

Adelante


Ya avanza la novela. Puedo llevar escrita la mitad, más o menos. Como siempre, sin revisar aún, aunque mi buen amigo Miguel le ha echado un vistazo. ahora es cuando el escritor disfruta con su "trabajo". Lo pongo entre comillas porque no se suda, no se sufre. Es un verdadero placer. Luego vendrán las correcciones, las múltiples lecturas, más amigos, como César o Adolfo, que la leerán y opinarán. Pero me quedo con el ahora, ¡qué bien se lo pasa el que crea mundos, historias y se olvida por un momento de quién es!
Disfrutad también vosotros, lanzaos a la mejor aventura que existe en el mundo.
Una última nota, garcias a la entrada del blog, he encontrado un gran título para la novela "con sangre de tinta".

viernes, 1 de octubre de 2010

Con sangre de tinta


Mi última novela va avanzando poco a poco, con sangre de tinta por el escaso tiempo, verdadero enemigo del escritor. Página a página, como un parto largo o una guerra de trincheras. Me cuesta centrarme cada vez que la retomo. Sin embargo, debe seguir presente la autodisciplina, aprovechar los minutos y rendir al máximo, igual que un jugador de banquillo cunado salta al campo. Esa es nuestra lucha diaria, continua. No habrá descanso hasta que no se cierre la última escena. Ánimo, podemos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Facebook


Pues sí, he ingresado en el mundo de las redes sociales, me ha costado. El otro día em enconté con una página de Facebook dedicada a mí. De ahí que creara al mía propia, para no ser menos. Aún tengo pocos amigos. La verdad, me da vergüenza mandar un correo preguntando si quieres ser mi amigo. Seguro que al final doy el segundo paso. Si os llega, no os riáis, por favor. Este es el mundo en el que nos movemos. No consigo meter el enlace, pero si me buscáis en Facebook, espero que me encontréis.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Pequeña reflexión


Hay un amigo escritor que a veces me comenta lo ingrato de esta profesión en uno de sus apartados. Nossotros escribimos una novela, dedicamos un tiempo a elaborarla, crear los personajes, escribirla, revisarla, en algunos casos de seis mese a un año. Después la mandamos, con todo nuestro cariño e ilusión. Y no siempre se publica, queda en un cajón, abandonada. Ese tiempo no fructifica. En otras profesiones, cualquier minuto tiene su recompensa. Aquí no.

Menos mal que la publicación de otros escritos compensa este esfuerzo en el que el escritor siempre está en manos de las editoriales. Qué alegría cuando vemos el libro impreso, las ilustraciones, nuestras palabras en manos de quien quiera leer aquella pequeña obra. Quizás el escritor tenga la mayor de las alegrías por su trabajo, similar a la de un profesor que fracasa en muchas ocasiones, pero que consigue su objetivo con otros alumnos que salen adelante gracias a él. Qué parecidos somos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Hace tiempo


Hace tiempo que no escribo en el blog, el verano y la usencia de nuevas tecnologías en los viejos sitios que frecuento. Os puedo dejar, hoy que es mi cumpleaños, una novela que he comenzado. Espero que llegue a buen puerto.



1

- Puede ser la solución, es más, no veo otra – Juan daba vueltas por el salón sin ninguna dirección, ni siquiera iba y venía por los mismos pasos, sólo se movía.

Su mujer, Ana, permanecía sentada. Su rostro agachado observaba el roto de un calcetín de su hijo. Recogió del cesto de la costura una especie de huevo de plástico y lo introdujo dentro. Pensaba, sí, daba muchas vueltas en su cabeza. Necesitaba otra salida. No podía soportar el regreso tras tantos años.

- No llegamos ni a pasado mañana. Debemos hasta el pan que compramos cada día. Y no sale nada. Maldita crisis. Esto no se mueve. Vendemos el piso, nos vamos al pueblo. No hay más que decir… -miró la reacción de Ana ante su afirmación categórica, lloraba -. Yo tampoco lo deseo. No sé si aguantaré el trabajo de un pueblo, las ovejas… no recuerdo nada de cuando ayudaba a mi padre.

Ana tiró el calcetín y el huevo al cesto. Se pinchó con la aguja y se chupó el dedo. Aquello frenó la reacción que se avecinaba. Aún así gritó.

- Sabes que lo peor no es eso. ¿Otra vez soportaremos los desprecios, la guerra fría, las malas miradas? Han pasado un millón de años y aún continúan con sus tonterías…-se echó las manos a la cara- Creía que lo habíamos dejado atrás para siempre.

Juan se acercó hasta ella. Por fin tenía algo que hacer, y lo agradeció. Le pasó los brazos por encima de los hombros. Le acarició la frente. Permaneció en silencio durante un tiempo. Conocía a su mujer y sabía que era mejor.

Aquel momento de mutismo puso sin embargo nervioso a Juan Pablo. Escuchaba a sus padres desde la habitación. Para él, la conversación le resultaba de lo más asombroso. Como si se tratara de una película. Hasta entonces, había vivido en una especie de burbuja de protección. Sí, su padre se había quedado en paro, pero también otros de sus amigos le habían contado situaciones similares y el mundo seguía girando, sobre todo el suyo. La ciudad le pertenecía. Cada vez más, se sentía el dueño de su instituto, de su barrio, de las noches de fiestas y movidas.

Se disponía a cerrar la puerta de su habitación cuando escuchó su nombre en labios de su madre. Se quedó parado, aguantó la respiración para no perder una sola palabra.

- ¿Y Juan Pablo? ¿Qué? Tendrá que continuar estudiando, digo yo.
- Por supuesto, aunque no es que lo haga mucho – contestó su padre con cierto desdén, las malas notas no le convencían ni lo más mínimo – Podrá ir al instituto de Talavera. Hay sólo cuarenta minutos. Después del verano empezará. Es el momento oportuno para llevar a cabo el cambio.
- Ya. Pues si antes no hacía mucho, ahora tendrá escusa. No creo que le siente muy bien.

De nuevo hubo un silencio. El joven se puso nervioso. El estómago le pesaba, como si la cena se hubiera solidificado. Sentía en la garganta el sabor de la coca cola, pero de con un regusto amargo. Estuvo a punto de atravesar el pasillo para llegar hasta el cuarto de baño, pero aguantó las arcadas.

- También puede ser un buen momento para solucionar tu problema –las palabras de Juan se deslizaron llenas de temor.
- Sabes que no pasa nada, ese dinero es mío y nada más –el joven no había oído aquel tono de voz tan áspero de su madre nunca.

Juan Pablo cerró la puerta, como si de esa forma no hubiera escuchado nada, como si su mundo siguiera adelante en aquellos escasos metros de habitación. Pero era imposible. Dos nuevas cuestiones se cernían sobre él, igual que dos columnas que se fueran juntando para aplastarlo o por lo menos dejarlo sin respiración. Buscó su pequeño hábitat de siempre. Se dirigió al ordenador, siempre encendido y con el messenger dispuesto. Tenía tres mensajes. El último de su amiga Elisa, la que conoció en una fiesta y que hacía las veces de buena amiga con derecho a más. ¿Quedarían para mañana, sábado?

Aquellas preocupaciones habían dejado de ser suyas. Sintió incluso que la habitación no le pertenecía. Que la cama donde se tumbaba en esos momentos, tampoco. Mucho menos los libros del curso que había finalizado pocos días antes y que debía estudiar aquel verano. Pronto, muy pronto, todo le sería ajeno. Se sintió como debe encontrarse un sin techo, o como Adán y Eva expulsados de su paraíso. Un pensamiento estúpido le recorrió su cabeza. Si no hubieran comido aquella manzana. Pero quién se creía todo eso, sólo el profes de religión.

Volvió al ordenador. Lanzó la nueva noticia a todos sus contactos.

“Me voy de aquí, chic@s, emigro para siempre a un maldito pueblo que sólo he visto dos veces. Ya veis, la crisis de las narices”.

Fue una bomba, los pitidos continuos anunciaban las miles de respuestas, sin embargo él sólo leyó al de Elisa. “¿Pero quedamos mañana o no? Puede ser nuestro último encuentro. Habrá que despedirse como se merece”.

Ella tampoco le pertenecía, seguro. También le resultaba de lo más ajeno. Quizás había descubierto la gran superficialidad de sus amistades. Rechazó el pensamiento. No se iba a amargar más. Su mejor amigo sólo le preguntaba por el partido de pádel del lunes. “Espero que estés, que nos jugamos nuestro prestigio. Contéstame rápido, que si eso, se lo digo a Pedro y voy con él de pareja. Suerte en tu pueblo, si no nos vemos”.

Juan Pablo durmió aquella noche bastante mal. El calor entraba por la ventana abierta. Oyó los camiones de la basura a las tres de la mañana y aún no había conciliado el sueño. A su cabeza llegaban las escasas imágenes del pueblo de destino, Mohedas de la Jara, Toledo. Esos eran sus mínimos datos. Una y otra vez veía la vieja casa de sus abuelos, las vigas de madera y la chimenea. Le llamaron la atención a pesar de sus cinco años. Habían pasado más de diez.

miércoles, 28 de julio de 2010

Traducciones al francés




Me han traducido algunas novelas biográficas al francés. Me hace ilusión. Os dejo las portadas. creo que son buenas.

martes, 6 de julio de 2010

Un mundo infeliz

He terminado una novela de ciencia ficción, sobre el futuro. Aún debo retocarla, pero os dejo el primer capítulo para que os hagáis una idea.


1
- Desconexión inmediata del hombre trescientos treinta y cuatro. Posibilidad de dolor próximo.
Una voz metálica sonó en aquella sala H, blanca y enorme que resultaba de lo más inhumano, a pesar de los miles de hombres y mujeres que la abarrotaban. Sentados en sillas de diminutas ruedas, con un diseño en aluminio claro, permanecían inmóviles, completamente inertes e inactivos. Ni un leve movimiento, ni una tos o un sonido rompía la simulada paz. Parecerían muertos, si el cuadro con sus constantes vitales no se figurara en el aire, delante de cada uno y con una luz difusa. Mostraban una respiración mansa y monótona, un latido lento y relajado. Vestían con una túnica roja de suave seda. De entre los pliegues, surgían unos tubos que servían de sonda para los excrementos. Se colaban por el suelo hacia un sistema de alcantarillado.
Su cabeza se coronaba con un casco verde con gafas azules que les introducía en mundos inimaginables, llenos de sensaciones falsas. Desde el viaje a las últimas estrellas conocidas del firmamento hasta las selvas más vírgenes o los desiertos amarillos con su fina arena perdiéndose entre los dedos de los pies. Caminaban sin moverse, comían sin masticar. Y no sentían ni calor, ni frío, ni un solo picor, porque el menor indicio se detenía con los impulsos eléctricos mandados al cerebro por el ordenador central Ram. Adormecía su consciencia. Éste lo controlaba todo, cada uno de los hombres que había a su cargo, treinta mil en aquel pabellón. Se encargaba de que la felicidad y el placer fueran exactos, de que ninguno tuviera un solo atisbo de aburrimiento o desencanto, de que en absoluto padecieran dolor físico o moral.
A las diez en punto, una mampara del techo se descorría para que el sol de la mañana golpeara los cuerpos inmóviles. Necesitaban la luz para su correcto desarrollo. También los cambiaban de postura de vez en cuando para evitar heridas, aunque se les hidrataba por vena. De uno en uno, les sacaban de la sala y recibían masajes tonificadores. Les movían las articulaciones, todo lo necesario para mantener el tono muscular y evitar las enfermedades provocadas por la inactividad.
Por la sala H avanzaba uno de los robots, perteneciente a la clase de los cuidadores. Tenía forma humana de cintura para arriba, aunque su rostro era similar al de todos los demás autómatas, inexpresivo. Ninguno tenía pelo en la cabeza y su recubrimiento metálico semejaba el color de la piel. En la cintura, una bola giratoria permitía el movimiento de trescientos sesenta grados. En lugar de piernas, un solo bloque sin divisiones finalizaba con unas ruedas pequeñas. Ahora recorría uno de los pasillos centrales. Las constantes vitales del número trescientos treinta cuatro habían bajado hasta niveles peligrosos. Una luz roja intermitente situada en lo alto de su casco lo anunciaba. Cuando el androide llegó hasta allí, en el panel holográfico se reflejaban las palabras “desconexión inmediata”.
- Hemos tenido que dar de baja al humano trescientos treinta y cuatro, ordenador central Ram, por fallo multiorgánico que podría haberle provocado dolor. Actuamos de inmediato y evitamos el sufrimiento. Debemos reemplazarlo –dijo en voz alta el robot.
Mientras, arrancaba de la nariz del fallecido la sonda gástrica que bajaba desde el techo y los demás tubos de expulsión de excrementos. En uno de ellos había restos de sangre.
- Adelante, androide H-35, proceda –se oyó en el recinto.
Los hombres allí presentes no escuchaban nada, no sabían nada, su mundo se limitaba a la realidad virtual. El número trescientos treinta tres, vecino durante ochenta años del defenestrado, paseaba en esos momentos por una playa de arenas blancas y limpias, sentía en sus pies el agua salina que los mojaba con las olas azules. Lo acompañaba una bella melodía. Si supiera sonreír, mover los músculos atrofiados del rostro por la inactividad, lo haría en esos momentos, totalmente ajeno a la muerte cercana.
H-35 salió de la nave empujando la silla de ruedas. El humano trescientos treinta y cuatro llevaba la cabeza descubierta, inclinada sobre su hombro derecho. El rostro inexpresivo parecía relajado, como si un sueño hubiera enlazado con otro. Sus ojos abiertos apuntaban al infinito y se clavaban en el suelo reseco y árido, de color amarillo. Por encima del quicio de la puerta, un letrero obsoleto con luces de neón, que a ningún androide podía interesar, decía así: “Centro de felicidad ilimitada”. Debajo se dibujaba una sonrisa roja tan estúpida como innecesaria en esos tiempos.
Las sombras recorrían una avenida bordeada de naves como la H, señaladas con otras letras. Todas tenían el mismo tamaño descomunal, el número exacto de humanos y el mismo color grisáceo apagado en sus paredes. Sólo al final, el androide giró a la derecha y llegó a un lugar distinto, escondido a la vista, de paredes oscuras. Contrastaba con las murallas de oro de la ciudad que asomaban tras él. No había ningún cartel o indicación. Por encima de la techumbre de cristal se distinguía el humo negro que arrojaba una chimenea larga como un sinfín. De allí, surgían también cenizas que se llevaba el viento hacia ningún lugar. Si algún hombre se hubiera acercado, el olor a carne quemada lo habría hecho retroceder al instante. Aquel aroma repulsivo recordaba a la misma muerte.
Muy cerca, trabajaban sin pausa otros robots, encargados del mantenimiento de la ciudad. Pertenecían a la clase de los peones. Parcheaban el solado gris y antiguo de una pequeña calle, ajenos a todo lo que les rodeaba. Se intercambiaban pequeñas frases que servían para sincronizar su labor.
El crematorio funcionaba las veinticuatro horas del día. Con una población de tantos miles de hombres, se formaba una fila larga donde los androides esperaban mudos su turno, acompañando a su desconectado en un último viaje sin lágrimas y lamentos.
H-35 esperó en silencio su turno. Cuando llegó su momento, volcó el vehículo de ruedas y arrojó a trescientos treinta y cuatro por un ventanal con una cortina de plástico duro y sucio. El cuerpo sin vida rodó al interior por un tobogán. Salió una pequeña llamarada como bienvenida del nuevo alimento. El androide se dio la vuelta para dejar la silla en la fila, junto con las demás. Otro robot-peón se encargaría de recogerlas. Con las manos vacías, buscó de nuevo la gran avenida. Aún le quedaba una tarea. Pasó al lado de los encargados de mantenimiento sin mirarlos.

lunes, 28 de junio de 2010

Lo prometido es deuda.



Os dejo el primer capítulo de No escribas sobre tu muerte.



“Tú caes, hijo de Ébalo, arrebatado en la flor de tu juventud; yo estoy viendo la herida que me acusa. Tú eres mi dolor y mi crimen; necesario será que se escriba sobre tu tumba que mi mano te ha matado”. Las metamorfosis Libro X, capítulo V, la muerte de Jacinto. Ovidio.

CAPÍTULO I

- Sí, escribiré sobre mi muerte- dijo Jon Sullivan con voz potente.

La noche caía sobre Londres con sus penumbras y sombras. Por la ventana de su habitación entraban algunos rayos de luz rojiza.

En las calles resonaban los últimos carruajes en busca del descanso nocturno. A pesar del eco de las ruedas, Jon Sullivan se mantenía concentrado. Incluso con todos los ruidos externos, su casa victoriana situada en un barrio céntrico le servía como lugar de trabajo.

De su pluma habían salido los más horrendos crímenes y las más increíbles historias de miedo. Desde los pequeños relatos llenos de escalofriantes sucesos hasta las novelas más extensas de asesinos en serie. El éxito le había abierto su estrecha puerta.

Algunos pensaban que la mayoría de esos asesinatos habían acaecido en realidad, incluso después de haberlos narrado. Punto por punto. Son tantos sus escritos, que resultaba difícil diferenciar el límite entre la verdad y la ficción. Algún detective de Scotland Yard llegó a sospechar de él, aunque su teoría acabó en la papelera tras gustosas risas de los compañeros.

Nadie podía figurarse que aquel hombre de mediana edad, rostro enjuto, cuerpo absorbido por las horas de trabajo y mirada efímera, pudiera ser el autor material de tantas barbaridades. No se le conocía apenas ningún vicio, salvo el de escribir hasta altas horas de la madrugada y la ausencia de apetito. Comía sólo para mantenerse vivo. Bien podría pensarse que se alimentaba de las hojas de papel emborronadas que no le servían y acababan dispersas por el suelo.

Para su tarea diaria, se servía de objetos externos que le situaran en la atmósfera de sus relatos. Ardían velas por todo el despacho. Una lámpara de araña pendía en el centro del techo. En la mesa de trabajo, dos candelabros evitaban las sombras de sus manos sobre el papel. Por el suelo, había lamparillas casi consumidas que temblaban sobre las viejas tablas. Alrededor, en caóticas estanterías, los libros y sus personajes escondidos lo observaban desde la distancia. Parecían inclinarse hacia él para leer lo que escribía.

- Si no sientes verdadero pánico, no puedes trasmitirlo –se decía a menudo.

Ahora, Jon Sullivan buscaba el esplendor del miedo, el pavor absoluto trasmitido en sus escritos. La cumbre de lo horrendo. Para ello, había dado un paso más en esa exploración. Se adentraba en nuevas experiencias en busca del terror total. Esta vez, su pluma, la que siempre utilizaba, parecía correr por delante de su mano. Los trazos fuertes y diferentes a los del escritor, casi destrozaban el papel. Se hacían cada vez más y más gruesos.

Hasta ese momento, a nadie se le había pasado por la cabeza narrar su propia defunción. Necesitaba sentir el espanto cercano al frío mortal. Desafiar a la misma naturaleza y alcanzar el último límite.

En voz baja repasaba lo que su pluma garabateaba de forma apremiante y compulsiva.

“Todo está en orden: las velas, la ambientación, la soledad de la casa. Me quedan horas sin ninguna compañía. Me enfrento así a mis peores fantasmas y miedos, la muerte y la soledad. Seré el protagonista de mi relato. Sufriré lo que mis personajes han sentido en su piel por mi causa y de esta manera podrán vengarse de mí.

Comienzo a sudar sin una causa aparente. Siento frío, un estremecimiento recorre mi espalda. Nada de esto tiene una razón lógica, racional. Mi caligrafía se hace imprecisa por un momento.

Las luces tiemblan de repente, como si un aire suave las tumbara durante un instante. Me estremezco. Tengo total conciencia de que alguien mira por encima de mi cabeza y lee aquellas mismas letras que salen de mi pluma. Ésta vuela sin parar, con prisas. Parece desear mi muerte, que el destino final se anticipe.

Aquella sombra se va concretando contra la pared hasta convertirse en una figura tenebrosa. El silencio absoluto me infunde más temor. Sólo oigo el crepitar de las velas. Las llamas vuelven a moverse inquietas, igual que un caballo atado por la correa que huele a lo lejos una manada de lobos. La cera negra se consume dejando un extraño olor a azufre.

Sudo de nuevo por la frente, pero ahora sin una sola gota de agua. Mi mano, fría como la de un cadáver, intenta detener la pluma. Las venas se marcan. Adquieren un relieve inusitado y de color verde, como si fueran a explotar sin remedio. Necesito parar. Dejarlo. Romper el papel. Pero es imposible. Ni siquiera puedo alzar la cabeza para ver en todo su esplendor a mi asesino.

La pluma continúa, mis dedos la siguen. Yo sólo leo las palabras con mis ojos inquietos y aterrados.

La tinta negra muda su color. De negra a roja, como mi sangre. De nuevo un reflejo en la punta dorada.

Las fuerzas me dejan. Se nubla mi vista. Sin un golpe o cuchillada, mi vida me abandona escurriéndose sin más sobre el papel. Con mi última mirada, veo cómo mi pluma escribe estas mis últimas palabras.”

viernes, 18 de junio de 2010

Mención especial del concurso de novela corta Zayas


El pasado miércoles tuve una cita importante por la tarde. Se fallaba el III premio de novela corta Zayas y mi novela No escribas sobre tu muerte estaba entre los diez finalistas. No pudo ser y no me llevé el primer premio. Me dieron una mención especial. Estoy contento, pues es la primera vez que llego tan lejos en un concurso literario, aunque bien es verdad que me he presentado solamente a tres en mi vida. En fin, otra vez será. El jurado estaba formado por Jiménez Lozano, Miguel Aranguren, Marta Rivera de la Cruz, David Torres y un miembro de la asociación cultural Zayas. En la foto aparece Miguel Aranguren y Marta Rivera de la Cruz. Como veis, todos escritores. Pronto os pasaré el primer capítulo de la novela que presenté: No escribas sobre tu muerte.

lunes, 14 de junio de 2010

Nuevo blog muy interesante


Ya os he hablado en alguna ocasión de Miguel Luis, un gran escritor de literatura juvenil. Sus libros destacan sobre todo por su cuidado estilo y su elaboración precisa. ahora ha creado un blog. Os animo a visitarlo y que pongáis vuestras opiniones. Os lo agradecerá. Si no habéis leído ningún libro suyo, os aconsejo que no dejéis de hacerlo. Merece la pena.

http://dondevuelanlasaguilas.blogspot.com/

jueves, 10 de junio de 2010

Recordatorio




Mañana viernes 11 de junio estaré firmando ejemplares de El libro de Sykem y Cerebro y medio en la caseta 73 de la Librería Diálogo de 17:30 a 20:00.
Espero que nos podamos ver. Tendremos tiempo de hablar un poco y comentar lo que quieras.

sábado, 5 de junio de 2010

En la feria del libro


El jueves estuve firmando en la feria del libro. Es una ocasión en la que me divierto de verdad. Hablar con los que pasan,miran, compran. Comentar de qué van mis libros, aconsejar, a veces otros distintos. Cada uno que pasa busca un libro, no sólo va para mirar.
Es también momento de encontrarme con viejos amigos. Allí estaban los hermanos Loma, Íñigo y Javier. A los dos les he dado clase y la verdad es que me alegra muchísimo verlos cada año, aunque sea cada trescientos sesenta y cinco días. Intercambiamos información y hacemos las fotos de rigor desde el otro lado de la feria, desde el calor de la caseta. Os dejo una que me hizo Javier. Como fotógrafo tiene futuro. Espero que el próximo día 11 por la tarde encuentre a otros buenos amigos, también si son nuevos lectores.

lunes, 31 de mayo de 2010

Encuentro en Fuenlabrada

El pasado viernes 28 tuve la suerte de ir a Fuenlabrada, al instituto José Luis López Aranguren. Antes de tener el encuentro llegamos varios autores a la Biblioteca Antonio Machado, organizadora de la XXV semana del libro de Fuenlabrada. Todo un éxito. Me parece impresionante el trabajo llevado a cabo por Conchi para que todo salga bien. Un montón de aulas, muchos autores y siete días. Una coordinación admirable.

Allí estuve con Gonzalo Moure, J. M. Gisbert o Alfredo Gómez Cerdá. Espero poder repetir a otro año.

P.D.: Os recuerdo que firmo en la Feria del libro de Madrid este jueves 3 de junio por la trade, en al caseta 244 Palabra.

viernes, 21 de mayo de 2010

Rectificación total de la firma en la feria del libro de Madrid

Perdonadme, pero al final he cambiado los días de la frima. Si no pasa nada, pues la vida es compleja, estaré dos días:
Día 3 de junio (jueves), por la tarde en la caseta 244 de la editorial Palabra.
Día 11 de junio (viernes), por la tarde en la caseta 73 de la librería Diálogo.
Allí firmaré ejemplares de todos los libros, pero sobre todo los dos últimos. Cerebro y medio y El libro de Sykem. No pierdas la oportunidad de que nos podamos ver.

martes, 18 de mayo de 2010

El día 3 por la tarde firmo en la feria del libro de Madrid




El día 3 de junio, sábado, estaré en al caseta 244 de la editorial Palabra en la Feria del libro de Madrid. Quizás esté otro día en la caseta de la librería Diálogo. Ya os comentaré. De momento, tenéis la oportunidad este sábado de que os firme algún ejemplar de mis libros. Para mí, es un día estupendo, pues muchos de mis amigos se acercan por allí y me lo paso genial. Ya llevo unos cuantos años y se ha convertido en una tradición. Además conozco la Feria desde el otro punto de vista, desde dentro.


Espero que nos veamos y podamos charlar un buen rato.

viernes, 7 de mayo de 2010

Otra publicación


Seguimos de enhorabuena. He recibido otra llamada para publicar otra novela. Ésta me hace mucha ilusión, pues está ambientada en mi pequeño pueblo de Toledo: Mohedas de la Jara. Allí he pasado mucho tiempo.


En esta historia, unos jóvenes descubren una tumba en un pueblo abandonado, Torlamora. En la fosa, colgado del cuello del cadáver, habrá un medallón que les llevará a investigar sobre su origen y la destrucción del lugar. Una especie de maldición había caído sobre ellos.


En el argumento, se mezclan las leyendas de Mohedas de la Jara, el terror ante el misterio y alguna pequeña dosis de amor juvenil. De mis novelas, es la que mejores críticas ha tenido entre mis amigos.


Habrá que esperar hasta finales de año o a principios de 2011. Espero que las dos que me publicarán salgan juntas.



La foto es de Mohedas de la Jara. Se ve mi casa (cortada) en la parte de abajo.

jueves, 29 de abril de 2010

Nueva publicación

Estoy de enhorabuena. El lunes recibí una llamada de la editorial San Pablo para confirmarme que me editarán El último vuelo del ave Fénix. Tenía esperanzas en que lo hicieran y muchas ganas de publicar con ellos tras unos cuantos intentos. Hay editoriales que cuidan los libros, los miman, y una de ellas es ésta.

Tendremos que esperar a tenerlo a finales de año o incluso puede ser para principios de 2011, pero merece la pena . Seguro que os gusta, estará en al colección naranja de la editorial, para lectores de 10 años.

Cuando tenga la portada o algún material, os lo pasaré.

viernes, 23 de abril de 2010

Encuentros. Universidad de Villanueva y colegio Torrevilano.

Ayer formé parte de una mesa redonda en la Universidad de Villanueva (Madrid). Fue una grata experiencia encontrarme con los futuros profesionales de el educación. Eran estudiantes de Magisterio. Las preguntas fueron muy interesantes y creo que realmente saldrán preparados para la difícil tarea de crear lectores entre los alumnos. ¡Qué importante trabajo! A veces no valoramos lo que hacen. Espero que los maestros, como se decía antes, encuentren entre nosotros un gran reconocimiento.

Hoy he estado en otro colegio con alumnos de 6º de Primaria. El mundo está lleno de niños que quieren oír historias. Quieren cuentos en el sentido estricto de la palabra. Que les cuenten. Su boca abierta, su silencio les delata.

¡Qué bien me lo paso con ellos!

Feliz día del libro a todos.

viernes, 9 de abril de 2010

Algunos enlaces de interés de LIJ

Hay muchas páginas con información, pero creo que en estos enlaces podéis ver los libros de froma directa, sin vueltas y más vueltas. Son páginas fáciles de utilizar y donde se pueden localizar los libros que buscamos. Además, tendrás información de primera mano, a veces incluso de otros lectores.

http://www.termometroliterario.org/

Aunque creo que ya no se actualiza, la información sobre libros viene garantizada por los lectores.

http://librosjuveniles.blogspot.com/

Sin duda, la mejor y más extendida.

http://lij-jg.blogspot.com/

Muy actual.

Espero que os sean útiles.

lunes, 29 de marzo de 2010

Vacaciones de Semana Santa


Decididamente, no es en vacaciones cuando se consigue escribir más, quizás al revés. para el escritor es mala ayuda el cambio de horario. Si tienes un tiempo fijo parAñadir vídeoa dedicarlo a la escritura, todo cambia con los días de descanso. Ni siquiera he sacado un rato para el blog.

Algunas noticias para actualizar:

Me han invitado a una mesa redonda en una universidad privada. Ya os daré más datos.

También me he comprometido para ir a un colegio. Es una lástima pues me han invitado a dos sitios el mismo día y en uno no estaré, claro. Os contaré cómo me lo he pasado. La verdad es que disfruto con los lectores, no me canso, aunque sean als mismas preguntas.

Por último, un amigo me ha puesto en Wikipedia. Era una de mis tareas pendientes y él se ofreció amablemente a ayudarme. Gracias César.

Os dejo el enlace:




viernes, 19 de marzo de 2010

El difícil paso



Cuando comienzas una nueva novela, vas con una idea de lo que deseas, un esquema del argumento y últimamente, me imagino que como a todo escritor, una mirada hacia los gustos de los editores. Pero esta vez, no. Escribo como quien lo hace para sí mismo, para divertirse, que así comenzamos todos. Me he olvidado adrede de lo que debes hacer para que te publiquen. Quiero pasarlo bien, aunque el texto quede después en un cajón.Y va para largo, si no abandono mi manuscrito, puede tener numerosas páginas, más que ninuguna anterior. Nadie sabe dónde parará todo esto.

Os dejo el inicio, una parte del primer capítulo de El difícil paso.

Hanys luchaba como un adulto, a pesar de no haber superado la prueba del paso, la que se realizaba a los dieciséis años. La situación requería la actuación de todos aquellos que supieran tirar con arco o empuñar una espada. La lluvia torrencial hacía difícil cualquier defensa y faltaban manos. Bajo la capa espesa de agua, apenas se veía más allá de un par de metros, como si el aire se convirtiera en una gigantesca ola del mar embravecido. Pero en esa época del año, no se podía esperar otra climatología.


El joven soldado subía a toda velocidad a una de las torres de la ciudad como refuerzo. Los arqueros no daban abasto para frenar la incursión de la puerta principal, destrozada por un gran tronco de abeto, y debía unirse a ellos. Los enemigos del pueblo aequo entraban ya en el recinto amurallado. Formaba una corriente espesa, igual que un río de lava, lenta pero segura.

En las escaleras, tras la maldita cortina de agua, se encontró a uno de ellos, fuerte como un toro. Portaba un mandoble de tal tamaño, que a pesar de la envergadura que tenía, necesitaba de sus dos manos para manejarlo. El gigantesco madero de forma irregular volaba de un lado a otro taponando la ascensión. Varios jóvenes manios, compañeros de Hanys, habían caído tras ser golpeados, estrellándose contra el suelo del patio de armas o sobre las cabezas de otros combatientes. Pero no había lugar para las lamentaciones. Recordó las palabras de uno de sus maestros. “Muy por encima de cada uno de nosotros está el destino de nuestro pueblo”.


Se acercó a su contrincante. Le había llegado el turno en aquella fila macabra que deseaba subir hasta arriba. Quizás, si no fuera por las órdenes directas que había recibido de su capitán para que reforzara la posición de los arqueros, hubiera dado la vuelta. Respiró hondo. Para él solo había una oportunidad. En un instante pensó en su táctica. Se lanzó sin más sobre el oso que lo esperaba babeando bajo el casco metálico. Hasta su nariz llegó el olor de su aliento fétido. De aquella enorme boca surgió un grito de guerra que casi lo paraliza. Aquellos dientes negros como el vino malo parecían engullirlo sin apenas resistencia. En su oído izquierdo zumbó el ruido silbante del gigantesco palo. Le abriría la cabeza sin remedio.
Consiguió agacharse a tiempo, pero tanto, que su casco, demasiado grande para él, golpeó el escalón. Se le quebró la nariz, lo oyó con claridad. El dolor le penetró por los ojos hasta el centro de su cerebro. El cielo del paladar se le inundó de sangre. Tuvo que escupir antes de levantarse. Allí llegaba de nuevo el leño volador. Esta vez el recorrido era de arriba a abajo. Se ladeó, quedando al borde de las escaleras, apunto de desequilibrarse y caer. Se tambaleaba como un huevo debido al agua de la lluvia, que había empapado las piedras. El monstruo aequo había perdido la paciencia. Giró su arma hacia fuera. Su enemigo no tenía ya nada que hacer. Lo remataría.


Pero saltó. Hanys se elevó desde el suelo a tiempo. Y los que le conocían, sabían que era el mejor a la hora de hacerlo, parecía un ave que remontaba el vuelo. Notó la lluvia sobre su casco mientras rompía aquella capa de agua que caía del cielo. En el aire, rogaba a su dios para aterrizar de nuevo sobre la escalera. En ese instante, vio, tras la sangre que le empañaba la mirada, cómo el guerrero toro perdía el equilibrio. Al no encontrar el cuerpo del joven, el mandoble lo arrastró en su recorrido para acabar golpeando el suelo del patio de armas. El estruendo de la caída detuvo por unos instantes la batalla. Pero solo unos segundos. Después, todo continuó.


Mientras, Hanys descendía a toda velocidad hacia su destino, pues su vuelo vertical tocaba a su fin. Quedó con un pie en la escalera y el otro en el aire. Se precipitaría sin remedio. El peso de su cuerpo apuntaba hacia el suelo del patio. Justo entonces su buen amigo Entres lo sujetó del brazo. Se miraron para darse ánimos y subieron rápidamente hacia la torre. Allí se incorporaron a los demás soldados que lanzaban dardos sobre los asaltantes.


La batalla se había decantado por los aequos, pues éstos ya habían superado la primera muralla. Aunque muchos continuaban entrando por la puerta, desde la torre procuraban que fueran los menos posibles. Así, a la vez que los manios tiraban con sus arcos, también arrojaban aceite hirviendo sobre las cabezas enemigas. Volteaban los calderos ardientes entre tres o cuatro con un gran esfuerzo. Las gotas de lluvia se derretían al chocar contra el contenido, con un ruido rápido de ebullición.


Otro de los encargos de la resistencia consistía en lanzar al vacío las escaleras que aquellos soldados, más preparados y sin ningún escrúpulo, apoyaban sobre las almenas. Los gritos del combate retumbaban en el amanecer y la mente de cada uno de los guerreros manios solo albergaba un único propósito, mantener la ciudad hasta la oscuridad de la noche. El día siguiente tendría su propio afán.


Hanys pensaba lo mismo mientras lanzaba sus dardos sobre los enemigos. Ni siquiera apuntaba. Solo disparaba y disparaba. Junto a sus `pies, sobre el húmedo suelo había montones de flechas. Las recogía sin mirar, automáticamente. Al estar de rodillas, no debía agacharse, pero sentía un gran pinchazo en la espalda y calambres en sus manos. La postura recta comenzaba a incomodarle. Necesitaba un descanso, pero la disputa no lo permitía. Intentó pensar en algo distinto que el dolor, incluso lejano a la tremenda lucha.
Recordó entonces su infancia, cuando su padre, el rey, aún no había muerto. Fue breve el pensamiento. Enseguida regresó a la realidad. Si él estuviera al mando de su pueblo en estos momentos la situación no resultaría tan desesperada. Ahora, su tío, el nuevo regente, les había llevado a la guerra contra los aequos. En su ambición por el lujo y la vida fácil, sus movimientos y alianzas con los terribles vecinos finalizaron. El difícil equilibrio táctico se había roto. Ellos habían notado la desidia, la pereza de los manios. Incluso los hombres mejor situados de la ciudad pagaron dinero para librarse de sus deberes en el ejército, contratando a sustitutos entre los mismos aequos. Aquello solo podía significar el fin de un pueblo hasta entonces valeroso y dominador de los territorios colindantes. ¿Sería éste el inicio de la desaparición?
- Tú, despierta, vamos. Deprisa. Hay que salir de aquí –le gritó Entres.


Hanys miró a su alrededor. Un grupo de fieros guerreros avanzaba hacia ellos por el lateral derecho. Uno de los suyos le golpeaba en el casco para que retrocediera hacia la escalera. La situación era crítica. Abajo, en el patio, tampoco podrían resistir mucho más al empuje del exterior.


- Corred. Rápido. A la segunda muralla –la orden sonó por encima de los golpes de la batalla. Era la voz del capitán.

Hanys bajó la escalera a toda velocidad. Iba de los últimos y aquello no le hacía mucha gracia. Sabía que había un tiempo muy breve para entrar por la puerta de la segunda muralla. Después, ante la avalancha de enemigos que aprovecharían el paso abierto, ésta se cerraría sin piedad.


El joven corrió con todas sus energías entre los guerreros aequos. Nadie se molestaba en luchar entre sí. Todos tenían en ese momento el mismo destino, cada uno con un interés contrario. Hanys necesitaba dejar atrás a sus enemigos y gracias a su escaso armamento lo estaba consiguiendo. Se había situado en tierra de nadie en aquel gran patio de armas. Para los suyos, era el último; para los enemigos, el primero al que había que matar. Una lanza pasó junto a su cuerpo y atravesó a uno de sus compañeros que le precedía. Éste cayó al suelo de inmediato. Pasó por encima con un salto y sin mirar, no deseaba reconocer al que allí yacía. Podía ser tan cercano a él…Se trataba de Entres.


Sus ojos se fijaban en aquella puerta maciza que tantas veces había atravesado. Ahora, la cuestión de alcanzarla se convertía en obligación, si deseaba mantenerse vivo. Muchos de sus camaradas entraban ya apresuradamente. A él le faltaba el aire. Se le hacia largo en escaso trecho. Las losas del suelo le hacían resbalar, aunque se mantenía en pie con sus escasas fuerzas. Sentía el aliento de sus enemigos en la nuca. Los gritos en lengua extranjera le aterraban, pero, por suerte, no lo paralizaban.


Fue entonces cuando le falló uno de sus pasos. Resbaló a causa del agua torrencial que golpeaba las piedras del enlosado. Clavó una rodilla en el suelo. A la vez, notó un pinchazo en su espalda. Una lanza enemiga lo había atravesado por la axila. El dolor le aguijoneó la espalda. No podía haber imaginado nunca el daño que provocaba el desgarro del hierro en la carne. No lo soportaba. Se levantó con el venablo colgando de su cuerpo. Lo arrastró unos pasos. La puerta se cerraba, los primeros enemigos la habían alcanzado y la intentaban sujetar.


Con su espada, golpeó sin fuerza a aquellos que le impedían el acceso. Pudieron ser seis o siete los que le rodearon para matarlo. Pero él pudo entrar medio agachado, casi arrastrándose. De eso se trataba. Una vez dentro, dejó que su cuerpo cayera completamente en el suelo, con todo su peso, como si la muerte no lo hubiera conseguido, como si la batalla estuviera ya ganada, por lo menos para él. Los ruidos exteriores se apagaron hasta derivar en un silencio absoluto. La mente de Hanys volaba en un sueño confuso y así se mantuvo hasta la noche.

viernes, 12 de marzo de 2010

El hijo del ladrón


César Fernández García, y ya van unas cuantas, ha publicado una nueva novela en la editorial Bruño. Como es amigo mío desde hace tiempo, no voy a dejar pasar la oportunidad para darle la enhorabuena. Porque, aunque sean ya más de veinte novelas las que ha publicado, cada una de ellas es como un pequeño hijo que lanza a la vida. Detrás, hay un gran esfuerzo, no sólo para escribirla. Primero hay que pensar, como él dice, raro trabajo éste. Después, hay que reflejar la idea en el papel durante unos meses de intenso esfuerzo. Más tarde, nos la manda a los amigos. Y comienza de nuevo su labor de arreglo y composición, que lleva otros meses. Al final, cuando ya está cerrada por completo, hay que mandarla a las editoriales y esperar mucho tiempo, a pesar de ser un autor consagrado, hasta que se recibe respuesta.

Esta es la tarea de todo escritor, paciencia y paciencia. Nosotros no recibimos gratificaciones por cada hora que dedicamos, como en otras profesiones. Sólo cuando vemos que lo escrito llega a buen puerto, algún año después, podemos resoplar y gozarnos. Porque ha pasado tiempo desde que yo leí El hijo del ladrón, mucho tiempo.

Y no hablemos de las novelas que desgraciadamente pueden quedar guardadas en un cajón...Aquellas que no pueden nacer a la vida y claman al cielo desde su cárcel.

lunes, 8 de marzo de 2010

Otro título de Miguel Luis


Días de lobos.
Editorial Bruño, 2010. Colección Paralelo Cero. A partir de 12 años.

Le han publicado un nuevo libro a Miguel, Días de lobos, esta vez en la editorial Bruño.

Es una buena novela juvenil de aventuras, con su romance incluido, y con un estilo elaborado.

Unos cazadores van en busca de un lobo, quizás el último protagonista de una vieja leyenda. En el valle de Lupama está de vacaciones de Navidad Sofía, que conoce a Tito. La realidad se mezclará entonces con el mundo imaginario para dar como resultado una gran novela. Al final, descubrirán el secreto más recóndito de aquellas montañas cantábricas.

En fin, os la aconsejo, y no solamente porque su autor sea un amigo.

martes, 2 de marzo de 2010

César Fernández García y sus premios.

Hace poco tiempo, César Fernández García obtuvo dos premios de literatura juvenil práctiamente uno detrás de otro. Me alegra mucho, pues es amigo mío. Le dieron el premio de La Galera, que concede un jurado juvenil y el Premio Jaen de novela juvenil. El primero lo btuvo con La última bruja de Trasmoz y el segundo con Ellos. Ambas novelas tienen una gran calidad. Os dejo una reseña de La última bruja de Trasmoz. Ya os dejaré la de Ellos.

Editorial La Galera. Año: 2009. 184 páginas. De 12 años en adelante.

La última bruja de Trasmoz ha sido galardonada con el Premio La Galera Jóvenes Lectores 2009. Este premio tiene como jurado a lectores de entre 12 y 15 años de toda España, a través de las 75 librerías del Club de Lectores Kirico.

La novela retoma una leyenda que Gustavo Adolfo Bécquer cita en su libro Cartas desde mi celda. De hecho, el protagonista del primer capítulo es dicho autor. Durante los 19 capítulos restantes el protagonista es su descendiente Emilio. El misterio de una joven bruja, la ultima de la saga de las brujas de Trasmoz, obsesionó a Gustavo Adolfo. También en el siglo XXI atraerá fatalmente a su descendiente que pretende escribir sobre ella. Para ello el joven Emilio se retirará a un monasterio en la zona del Moncayo. Pretende encontrar la paz necesaria para poder novelar la historia de Gorgona, la última bruja de Trasmoz. Muy pronto, se verá envuelto en una aventura donde no faltarán las muertes misteriosas, la búsqueda de libros y objetos peligrosos, las persecuciones y continuas sorpresas. La presencia de Beatriz, una bella mujer que busca una calavera de cristal que perteneció a Gorgona, hará que Emilio conozca el amor, tal y como lo entendía su ascendiente Gustavo Adolfo Bécquer. Todas las piezas de la acción se encaminan hacia un desenlace sorprendente, inesperado pero, al mismo tiempo, coherente con la lógica interna del relato.

La última bruja de Trasmoz es una excelente novela que se sostiene sobre unos personajes bien armados. Su complejidad ayuda a dotar a la intriga de profundidad psicológica. Incluso, la propia bruja se nos desvelará como un espejo infernal donde, si te miras, te devuelve la mirada. Al infierno no hay que mirarlo.

Junto a la acción trepidante, encontramos sutiles reflexiones sobre aspectos que interesaron a Bécquer y que, a los jóvenes lectores del siglo XXI, siguen interesando. Entre estas reflexiones encontramos la oposición entre lo mortal y lo inmortal. No en vano las últimas palabras de Gustavo Adolfo Bécquer fueron: “Todo mortal”. El desarrollo de la historia demostrará que no todo es mortal. Al fin y al cabo, el mundo se sostiene sobre una red oculta de enlaces motivados. Nada es casual. Todo apunta hacia la pervivencia de nuestras obras e ideas.
El comienzo de la novela, que reproduzco abajo, es un botón de muestra de la capacidad que tiene para agarrar al lector y no dejarlo escapar:

“ – ¿Quién anda ahí? – gritó aterrado Gustado Adolfo Bécquer.

Alguien venía siguiendo al escritor desde que se había internado en el bosque. Quizás desde que había salido del monasterio de Veruela.

Sí. Alguien caminaba tras él. Estaba casi seguro. Pero ¿quién?

Se detuvo y, embozado en su capa, aguantó la respiración para oír mejor las pisadas de su perseguidor.”
Os doy el enlace a su página web:

domingo, 21 de febrero de 2010

La herida del oso pardo


Mi amigo Miguel Luis ha publicado un nuevo libro, y en breve llegará otro, que el trabajo siempre da frutos. Se trata de una novela adecuada para lectores de 10 años en adelante, de la colección La mochila de Astor, ed. Palabra. Os la recomiendo, sobre todo por las aventuras y lo bien que escribe, que lo hace de maravillas. Un oso pardo será el protagonista, sin duda. El ambiente también de lo mejor.

Os dejo la reseña de la página web de la editorial:

¿Por qué anda suelto un oso en el bosque de Lupama? ¿Por qué está herido? Ese el misterio que Pablo y su amiga Sandra han de resolver con valentía y decisión.
¿Por qué anda suelto un oso en el bosque de Lupama? ¿Por qué está herido? ¿Quién lo persigue? Ese es el misterio que Pablo, junto a su amiga Sandra, intentarán resolver con valentía. Pero no hay mucho tiempo. La vida del oso (y quizá la suerte de toda la montaña) se encuentra en peligro. ¿Lo conseguirán?

En el fondo de la historia, un apasionante relato de aventuras, late la lucha entre Naturaleza y Progreso.

Miguel Luis Sancho nació en Madrid. Licenciado en Filología Hispánica, imparte clases de Lengua y Literatura en un instituto público de Fuenlabrada. Además de ser autor de numerosos obras para adultos, se dedica también a escribir literatura infantil y juvenil. Novelas como Donde vuelan las águilas o Yo soy Santiago son alguno de sus títulos publicados hasta el momento.

Enhorabuena, Miguel.

lunes, 15 de febrero de 2010

El inicio de otra novela. Esta es de misterio. Ya está acabada y creo que ha quedado muy bien.

CAPÍTULO I

- Sí, escribiré sobre mi muerte- dijo Jon Sullivan con voz potente.

La noche caía sobre Londres con sus penumbras y sombras. Por la ventana de su habitación entraban algunos rayos de luz rojiza.

En las calles resonaban los últimos carruajes en busca del descanso nocturno. A pesar del eco de las ruedas, Jon Sullivan se mantenía concentrado. Incluso con todos los ruidos externos, su casa victoriana situada en un barrio céntrico le servía como lugar de trabajo.

De su pluma habían salido los más horrendos crímenes y las más increíbles historias de miedo. Desde los pequeños relatos llenos de escalofriantes sucesos hasta las novelas más extensas de asesinos en serie. El éxito le había abierto su estrecha puerta.

Algunos pensaban que la mayoría de esos asesinatos habían acaecido en realidad, incluso después de haberlos narrado. Punto por punto. Son tantos sus escritos, que resultaba difícil diferenciar el límite entre la verdad y la ficción. Algún detective de Scotland Yard llegó a sospechar de él, aunque su teoría acabó en la papelera tras gustosas risas de los compañeros.

Nadie podía figurarse que aquel hombre de mediana edad, rostro enjuto, cuerpo absorbido por las horas de trabajo y mirada efímera, pudiera ser el autor material de tantas barbaridades. No se le conocía apenas ningún vicio, salvo el de escribir hasta altas horas de la madrugada y la ausencia de apetito. Comía sólo para mantenerse vivo. Bien podría pensarse que se alimentaba de las hojas de papel emborronadas que no le servían y acababan dispersas por el suelo.

Para su tarea diaria, se servía de objetos externos que le situaran en la atmósfera de sus relatos. Ardían velas por todo el despacho. Una lámpara de araña pendía en el centro del techo. En la mesa de trabajo, dos candelabros evitaban las sombras de sus manos sobre el papel. Por el suelo, había lamparillas casi consumidas que temblaban sobre las viejas tablas. Alrededor, en caóticas estanterías, los libros y sus personajes escondidos lo observaban desde la distancia. Parecían inclinarse hacia él para leer lo que escribía.

- Si no sientes verdadero pánico, no puedes trasmitirlo –se decía a menudo.

Ahora, Jon Sullivan buscaba el esplendor del miedo, el pavor absoluto trasmitido en sus escritos. La cumbre de lo horrendo. Para ello, había dado un paso más en esa exploración. Se adentraba en nuevas experiencias en busca del terror total. Esta vez, su pluma, la que siempre utilizaba, parecía correr por delante de su mano. Los trazos fuertes y diferentes a los del escritor, casi destrozaban el papel. Se hacían cada vez más y más gruesos.

Hasta ese momento, a nadie se le había pasado por la cabeza narrar su propia defunción. Necesitaba sentir el espanto cercano al frío mortal. Desafiar a la misma naturaleza y alcanzar el último límite.

En voz baja repasaba lo que su pluma garabateaba de forma apremiante y compulsiva.

“Todo está en orden: las velas, la ambientación, la soledad de la casa. Me quedan horas sin ninguna compañía. Me enfrento así a mis peores fantasmas y miedos, la muerte y la soledad. Seré el protagonista de mi relato. Sufriré lo que mis personajes han sentido en su piel por mi causa y de esta manera podrán vengarse de mí.

Comienzo a sudar sin una causa aparente. Siento frío, un estremecimiento recorre mi espalda. Nada de esto tiene una razón lógica, racional. Mi caligrafía se hace imprecisa por un momento.

Las luces tiemblan de repente, como si un aire suave las tumbara durante un instante. Me estremezco. Tengo total conciencia de que alguien mira por encima de mi cabeza y lee aquellas mismas letras que salen de mi pluma. Ésta vuela sin parar, con prisas. Parece desear mi muerte, que el destino final se anticipe.

Aquella sombra se va concretando contra la pared hasta convertirse en una figura tenebrosa. El silencio absoluto me infunde más temor. Sólo oigo el crepitar de las velas. Las llamas vuelven a moverse inquietas, igual que un caballo atado por la correa que huele a lo lejos una manada de lobos. La cera negra se consume dejando un extraño olor a azufre.

Sudo de nuevo por la frente, pero ahora sin una sola gota de agua. Mi mano, fría como la de un cadáver, intenta detener la pluma. Las venas se marcan. Adquieren un relieve inusitado y de color verde, como si fueran a explotar sin remedio. Necesito parar. Dejarlo. Romper el papel. Pero es imposible. Ni siquiera puedo alzar la cabeza para ver en todo su esplendor a mi asesino.

La pluma continúa, mis dedos la siguen. Yo sólo leo las palabras con mis ojos inquietos y aterrados.

La tinta negra muda su color. De negra a roja, como mi sangre. De nuevo un reflejo en la punta dorada.

Las fuerzas me dejan. Se nubla mi vista. Sin un golpe o cuchillada, mi vida me abandona escurriéndose sin más sobre el papel. Con mi última mirada, veo cómo mi pluma escribe estas mis últimas palabras.”

martes, 9 de febrero de 2010

Una entrevista que me han hecho en el semanario Alba

“Deseo transmitir el heroísmo de lo cotidiano”
Los personajes se olvidan de sí mismos para entregarse a una causa común
César Sinde Robledo

Julio César Romano es profesor de Lengua y Literatura, Cultura Clásica y Griego, por lo que está en contacto con sus lectores. Además, tiene cinco hijos, lo cual no le impide sacar tiempo para escribir cuando están dormidos, sin quitarles la dedicación que necesitan. Su hijo mayor es su primer crítico y le hace bastante caso cuando le da consejos, aunque sólo tenga 10 años.
-¿Por qué escribir hoy literatura juvenil cuando tenemos la generación joven que menos lee?
-No es del todo cierto, nuestros jóvenes leen bastante, aunque en muchos casos sea impuesta esta lectura desde el colegio. Además, hay que decir que son buenos lectores, con un paladar exquisito y no se les engaña fácilmente con obras prefabricadas, al contrario de lo que sucede con los lectores de mayor edad. Son exigentes y si una novela no les interesa, la abandonan. Son un público muy agradecido. Por suerte, tengo contacto con ellos y así puedo saber sus gustos.
-¿A partir de qué edad es recomendable “El gigante Ganfal y el caballero oscuro”?
-Es recomendable a partir de los diez años, aunque se puede leer antes, depende de la capacidad lectora de cada joven. Un buen lector de ocho años, y los hay, también estaría capacitado para hacerlo. Muchas veces no es conveniente encajonar a los lectores, pues depende de sus capacidades. Incluso un lector adulto puede disfrutar con su lectura. Yo leo sobre todo literatura juvenil y no sólo por mi trabajo de escritor, sino porque me divierto haciéndolo.
- Este libro parece que está ambientado en lugares mágicos y plantea la clásica lucha entre el mal y el bien. Además de este planteamiento general ¿qué valores destaca en la obra?
-El libro es antecedente de otro publicado por la editorial Palabra titulado ‘El pozo de los mil truenos’. En el primero, hay magia, aunque muy poca. En ‘El gigante Ganfal y el caballero oscuro’ sin embargo no la hay. Se trata de que los protagonistas luchen con sus propias manos, con sus propias fuerzas, no siendo especiales. Ahí está el mayor valor que deseo trasmitir, el heroísmo de lo cotidiano. Son personas como nosotros, que se han entregado en su vida normal y por eso pueden hacerlo también en las situaciones extraordinarias. Sin un entrenamiento previo en la vida diaria, no serían capaces de estas hazañas. También sucede en otro de mis libros, ‘El auténtico grial’. El protagonista busca aventuras después de una vida anodina pero llena de esfuerzos. También el gigante Ganfal encuentra la heroicidad sin buscarla, cuando sólo pretende aprender a leer y escribir en contra de las costumbres de los demás gigantes.
- ¿Qué mensaje quiere transmitir al lector?
Todos somos capaces del máximo esfuerzo y de ser héroes si lo somos en la vida cotidiana. También aparece la amistad, el juicio errado a través de las apariencias y la amistad sincera. Los personajes se olvidan de sí mismos para entregarse a una causa común, a un esfuerzo y trabajo en equipo del cual salen beneficiados.
- Desde la aparición de los primeros libros de Harry Potter hay una moda de creación de literatura juvenil o infantil ambientada en mundos mágicos. Parece que es un buen reclamo la magia para aficionar a este público a la lectura…
-Siempre ha existido otro mundo en el que todo es posible, también antes de Harry Potter. Lo que aportan estos libros, y tiene su mérito, es el descubrimiento de lectores jóvenes que son capaces de leerse setecientas páginas. Antes de esto, era impensable publicar semejantes novelas. Para el escritor y el lector otros lugares que descubrir ofrecen la innovación necesaria donde incluir a personas normales, como nosotros que tienen nuestros miedos y nuestras virtudes. Son otros mundos, pero los mismos valores.


Otra entrevista en la cadena Cope en el siguiente enlace:

http://www.cope.es/14-06-08,entrevista-julio-cesar-romano,2396--8--audios

viernes, 5 de febrero de 2010

Os paso otro cuento. Seguro que os gusta.

Francis se disponía a entrar en casa armado con el paraguas, para él, gran espada de hoja finísima. En la otra mano sostenía la mochila, su mejor escudo ante los posibles ataques. Su mente se encontraba en tensión. No le cogerían desprevenido. Si la visión de la otra noche no fue un sueño, como a veces deseaba pensar, necesitaba tomar precauciones.

Abrió la puerta con la llave, muy despacio. Intentaba hacer el menor ruido. Las bisagras oxidadas le delataron.

- ¡Buenas tardes! –gritó su madre desde la cocina. Su voz se diluía entre el fuerte sonido de la Termomix.

Otra vez puré, pensó el joven. En quince años no se había acostumbrado ni al olor ni al sabor. Un aroma empalagoso y caliente envolvía el aire de la casa.

- Hola, mamá.

En dos segundos atravesó el pasillo. Oyó a lo lejos a su madre preguntando por las clases. Mejor no hablar, pensó Francis. Sus compañeros le tachaban de infantil. Si supieran ellos lo que sucedió en su habitación, pero no pensaba contárselo a nadie. Ni siquiera a Alba, quizá la que más se acercaba a él en los recreos.

De nuevo se encontró ante otra puerta. Abrió deprisa. Por unos momentos había olvidado las precauciones. Aunque aún llevaba encima el paraguas, la punta señalaba hacia el suelo. La mochila volaba por los aires hacia su escritorio, gesto que utilizaba para mostrar su cansancio.

Fue en ese momento cuando apareció la avispa. Francis intentó golpearla con su paraguas. Difícil acertarla en pleno vuelo. Abrió la ventana y quiso llevarla hasta allí. Nada.

Comenzó a atacarle y tuvo que coger de nuevo la mochila. El escudo lo protegió del primer golpe. No así del segundo. Sintió que su mejilla ardía. Imposible. La avispa cada vez adquiría un mayor tamaño. Si seguía creciendo alcanzaría el tamaño de un gorrión en segundos.

Un movimiento de su espada barrió la estantería. Los libros arrastraron la hucha de cerámica con forma de vaca y estalló en mil pedazos contra el suelo. Las monedas rodaron por toda la habitación. Algunas se refugiaron bajo la cama nido.

La vista no le engañaba. Se enfrentaba a un dragón del tamaño de una urraca. Lanzó una pequeña llamarada para confirmarlo. Los dibujos que Francis tenía sobre su mesa comenzaron a arder. El aviso que había recibido aquella noche se cumplía. Su misión ahora tenía sentido. Dejó de sentirse como un niño. El paraguas buscaba dar un golpe fatídico a aquella terrible bestia. Falló. Se agachó a tiempo para evitar el fuego del dragón. La mochila recibió el impacto y se ennegreció.

Sus últimas dudas se desvanecieron. En su mano derecha sintió un mayor peso. Una espada de verdad brillaba ante los rayos de sol que entraban por la ventana. Amagó con su escudo, azul como el mar hacia la derecha.

Ante el movimiento del dragón para evitar el golpe, Francis aprovechó para hacer girar su arma describiendo un semicírculo. El filo aguzado cortó en dos a la fiera. Su tamaño alcanzaba al de un conejo. Aún se retorció en el suelo. La cola lo golpeaba una y otra vez. Por fin cesó. Un charco verde consumía el parquet.

viernes, 29 de enero de 2010

Yo te pido la luna

Os dejo un cuento que escribí hace poco.

Los tres niños esperaban el desenlace fatal al pie de la cama de su madre. Ya desde pequeños la habían conocido enferma, sin fuerzas. El doctor se acababa de ir y las esperanzas que tenía eran pocas. Al día siguiente volvería con alguna buena idea sobre el destino de los niños. Intentaría convencer de nuevo a su mujer para que se quedaran con ellos. El doctor ya estaba apunto de jubilarse debido a su edad y probablemente en un futuro tendrían compañía y alguien que los cuidara.

La casa de los niños estaba desordenada, como abandonada, su madre no podía encargarse de todo. El aire de pobreza chocaba contra los cristales rotos de las ventanas. Papeles de periódico intentaban aislar la casa del frío. Las dos velas calentaban a la vez que iluminaban lo que podían aquel cuarto con un camastro deshecho y empapado de sudor maternal. La fiebre entrecortaba palabras a veces ininteligibles, otras más claras.

- Si tuviera......la luna.....sólo me falta eso. No puedo dejarles solos vieja hada.

Sus tres hijos se miraron entre sí. El mayor tenía ocho años, la pequeña casi cinco. Ella fue la primera en reaccionar.

- Si la conseguimos, mamá vivirá.
- No seas tonta, está delirando.

Juan, el hermano mediano estaba muy pegado al suelo y se llevaba un poco mal con su hermana pequeña. A veces pensaba que el tiempo que le había dedicado su madre a ella no había sido para él. Pedro, el mayor, rompió el silencio llorando.

- Aquí no hacemos nada, podemos intentarlo. Yo no he olvidado los viejos cuentos que nos contaba mamá. Vamos Lucía.
- Estáis los dos locos.

Los tres recogieron sus abrigos remendados y salieron a la calle. Miraron al cielo pero no vieron la luna. Las nubes negras de febrero lo impedían.

- Muy bien, ya podemos volver a casa. Ni siquiera sabemos si hoy hay luna.
- Hagamos una cosa, si hay luna llena continuamos, en caso contrario nos quedamos.

Pedro entró corriendo en la casa, dio un beso a su madre.

- Te vamos a traer la luna, mamá.

Salió al instante con el calendario que estaba en la cocina, el de los gatos. Juan tuvo que callarse al ver el redondel blanco dibujado en el mismo día en el que su madre había pedido la luna. Comenzaron a andar despacio buscando un claro saber cómo iban a conseguir la luna.

La noche era fría, húmeda, la luz escasa. Sus pequeños cuerpos cansados y hambrientos soportaban la temperatura como podían, sólo Juan se quejaba continuamente, no entendía el viaje que habían emprendido. Lucía se agarraba a la mano de su hermano mayor. Juan avanzaba el último como llevado por un impulso mayor que su propia voluntad. De vez en cuando levantaba la cabeza buscando la luna.

- Pedro, allí hay un más luz.
- Tienes razón Juan, vayamos hacia allí.
- ¿Y luego qué haremos? Me imagino que has traído la escalera.
- Ya veremos lo que haremos. Algo se nos ocurrirá. Lo importante primero es verla.

Se encontraron con un pequeño lago de agua cristalina. Metieron los pies en él sin darse cuenta en su afán por ver la luna en el cielo. Era grande, redonda, más blanca que nunca, sin una sola mancha. Lucía elevó su mano hacia ella. Con su dedo gordo y su dedo índice en forma de tenaza, cerrando uno de sus ojos, se imaginaba que la había cogido. Movió su mano lentamente hacia abajo. La luna permanecía en su lugar. Juan se burló de su hermana sin reparos.

- Mira a ver si está en tu bolsillo.
- Cállate y piensa en algo.

Lucía bajó sus ojos llenos de lágrimas. Descubrió en el lago el reflejo de la luna.

- Ahí está Pedro. A nuestro alcance. En el lago.

Ambos hermanos miraron la luna temblorosa, como con miedo a ser cogida mientras se bañaba y jugaba con el agua fría. Juan salió corriendo. Lucía y Pedro seguían mirando la segunda luna más asequible. Poco tardaron en despertarse ante un ruido metálico. Su hermano mediano se había liado con una cuerda que estaba atada a un cubo.

- La atraparemos con el cubo. Lo vi cuando pasamos al lado de un pozo.

Juan estaba emocionado. Por primera vez sintió cercana la esperanza. Entró lentamente en el lago, intentando mover lo menos posible su agua cristalina. No quería asustar a la luna. Las ondas que salían de sus tobillos la hacían temblar, parecía que se diluiría en cualquier momento, como hundiéndose en el agua. Juan se detuvo. Tenía miedo de fallar, de estropearlo todo. Le gustaría que fuese su hermano mayor el que estuviera en su lugar. Él siempre lo hacía todo mejor. Cogió aliento y no miró hacia atrás. Sentía los ojos de sus hermanos clavados en él. Comenzó a avanzar de nuevo. La luna hizo otro intento de sumergirse. Lucía y Pedro no querían verlo, se dieron la vuelta. Oyeron un chapoteo de agua, como de una pelea. Al poco tiempo sintieron el agua en sus espaldas. Allí estaba detrás Juan, totalmente empapado. Había cubierto con su abrigo también mojado el cubo. No quería que se le escapara su don más preciado. Nadie preguntó si lo había conseguido. Ni siquiera Juan lo sabía. Se volvieron a casa sin mirar hacia atrás.

Tardaron menos en regresar. Debían apresurarse. Juan, a pesar de cargar con el cubo iba casi corriendo. Lo sujetaba con ambos brazos contra su pecho. Estaba aterido de frío pero no le importaba.

Su madre aún respiraba aunque con mucha fatiga. La incorporaron sobre el almohadón doblado los tres a la vez. Las manos temblorosas de Juan se dirigieron al cubo. El aire movía las cortinas de las ventanas y hacía que la lámpara del techo también lo hiciera. Las sombras de la habitación se esparcían de un lado a otro rítmicamente. Lucía cubrió los hombros de Juan con una manta. Estaba tiritando.

El abrigo empapado de Juan cayó al suelo de forma pesada cuando éste lo retiró lentamente. Los tres asomaron su cara por encima del cubo. No había nada. Quedaron paralizados. Quizá estaba en el fondo del cubo. Esperaron. Las cortinas de la ventana se elevaron aún más con una ráfaga fuerte de viento. Quedaron suspendidas en el aire. El cielo estaba por fin despejado. Un rayo de luna atravesó la habitación para bañarse en el agua del cubo. Su reflejo se mostró en la cara de la madre ya pálida como la luna. Abrió los ojos para contemplar lo que tanto deseaba.

El médico había llegado al mañana siguiente y no comprendía nada. A los pocos días las cosas fueron de nuevo como siempre. Cuando había luna llena salían los cuatro a la calle y pasaban horas contemplándola.