
Aquí encontrarás reseñas de libros juveniles e infantiles y algunas noticias sobre mis propios libros.
lunes, 29 de octubre de 2012
David y el monstruo pierden el tesoro. José María Plaza

miércoles, 24 de octubre de 2012
Dioses, tumbas y sabios, C.W. Ceram
No os digo una editorial concreta, pues yo me lo estoy leyendo, con mucha suerte, en una edición antigua. Es uno de esos libros que tiene su olor a páginas húmedas por el paso del tiempo. Es más. la primera edición es de 1949. Aquí, el autor hace un repaso a los grandes descubrimientos arqueológicos, desde Troya, Egipto hasta Grecia. Se puede pensar que las teorías están desfasadas ya sí sucede en algún caso, sobre todo por los nuevos descubrimientos. Sin embargo, lo veo imprescindible para todo el que quiera despertar el interés sobre la historia y la arqueología en los jóvenes. El lenguaje es muy sencillo y ameno. Me está gustando y de ahí que lo reseñe incluso antes de acabarlo. También se puede tomar como una lectura parte por parte. No se trata de leer todo el libro. Un día te interesa Troya, otro cómo se descifraron los jeroglíficos. En fin, muy recomendable.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Gladiador. La lucha por la libertad.

Al final te quedas con ganas de seguir, pues no sabía que se trataba de una saga. Habrá que esperar al segundo. Justo en las últimas páginas esperas descubrir por fin el secreto. Aún así, una vez que ya estáis advertidos, os aconsejo la lectura de este libro "histórico". Lo pongo entre comillas por la mezcla de personajes reales y ficticios, aunque me encanta cómo se recrean en estas páginas la vida de los gladiadores y su entrenamiento así como la forma de ser de los esclavos y libres en esta época. Alguno puede comparar su vida actual con la de aquellos personajes.
lunes, 15 de octubre de 2012
Tercer capítulo de primeros capítulos y último
Os dejo el tercer capítulo, aquí podéis leer el segundo y el primero. Creo que un buen día publicaré alguna novela por capítulos en el blog. Porque sí. Sin otro motivo que darme esa alegría. ¿Por qué debemos estar siempre a merced de las editoriales?
3 Esto se acabó
Raspi
salió a la calle con un color rojo intenso en sus mejillas. Vio a lo lejos a
alguno de sus amigos, pero se hizo el tonto y miró hacia otra parte de
inmediato. No tenía un destino seguro y aún quedaban tres horas para la cita.
Anduvo por la ciudad hasta que llegó a un parque que tenía al fondo un pequeño
lago. Hacía algo más de fresco y se sentó en un banco. Se quedó contemplando a
los niños que jugaban sin preocupaciones. Le asaltaron sus recuerdos más
felices. Pero había pasado mucho tiempo. La campana de un reloj dio dos toques.
Se apresuró a volver al instituto, se había alejado bastante.
En
la puerta se encontró a su madre. También su rostro estaba marcado por el calor
y el cansancio. Parecía que en unos meses se le habían escapado unos cuantos
años. Raspi pensó que incluso ahora era más baja. Estaba doblada por las
circunstancias.
-
¿Qué pasa?
-
No sé, serán las notas.
-
A ver.
Le cogió del brazo y entró con él en dirección a su aula. Allí esperaba el tutor. Con un gesto les pidió que se sentaran. Luego comenzó a hablar muy despacio. Raspi no se enteró de nada. Apretaba los dientes con fuerza e intentaba borrar de su cara el golpe de su madre.
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El
recuerdo de aquel tortazo le hizo desfallecer de nuevo. Tenía las piernas
cargadas, como aquel día que decidió correr diez kilómetros por una estúpida
apuesta. Se quitó un guante y buscó con un gran esfuerzo en su bolsillo. Los
dedos no le respondían y parecían una masa uniforme de más nieve. Como si no
fueran suyos. Palpó la caja de cerillas. Estaba seguro de que las había cogido.
Por un segundo, notó el fuego en su interior. Tenía que recoger ramas, pero en
el suelo no veía ni una. Si tuviera allí el hacha de su abuelo. Buscó con la
mirada algún árbol más pequeño. Un pino muy endeble le ofrecía sus escasas carnes
a pocos metros. Se acercó con fuerzas renovadas. La idea de hacer una fogata le
reconfortaba.
Le
dio una patada al arbolillo y lo primero que cedió fue la nieve helada. Se le
pintó la bota de blanco. La sacudió y siguió con sus porrazos. El dolor no le
impidió continuar. Por fin, se dobló lo suficiente como para subirse encima.
Los dos se pegaron un golpe tremendo, uno encima del otro. Al menos vio que
estaba prácticamente seco, aquello servía más para sus propósitos.
miércoles, 10 de octubre de 2012
El señor de las aguas. Miguel Luis Sancho.
Ediciones Palabra. Colección La mochila de Astor. Año 2012. De 12 años en adelante.
Nueva novela del escritor Miguel Luis Sancho. Os dejo la reseña que hice para Libros Juveniles.
La narrativa de Miguel Luis Sancho siempre se mueve en lo legendario, en ese terreno ambiguo e impreciso donde la realidad y la ficción se funden de manera fecunda, como si fueran las aguas dulces y saladas de una marisma. El resultado es una obra literaria misteriosa y sugerente, que atrapa al lector desde las primeras páginas.
Nueva novela del escritor Miguel Luis Sancho. Os dejo la reseña que hice para Libros Juveniles.
La narrativa de Miguel Luis Sancho siempre se mueve en lo legendario, en ese terreno ambiguo e impreciso donde la realidad y la ficción se funden de manera fecunda, como si fueran las aguas dulces y saladas de una marisma. El resultado es una obra literaria misteriosa y sugerente, que atrapa al lector desde las primeras páginas.
La obra arranca cuando Marco, un joven de quince años, descubre unas luces extrañas que brillan en el mar, mientras pasea por la playa. Casi al mismo tiempo, un barco de contrabandistas se detiene en mitad de la bahía, realizando maniobras sospechosas. Al día siguiente, conoce en el instituto a Diana, una chica que acaba de llegar al pueblo. Se trata de la hija de una escritora, que vive en la casa del faro. Sin embargo, muy pronto, alguien quiere echar del pueblo a las recién llegadas y hará todo lo posible para conseguirlo. Marco - junto a la fantasmal presencia de un viejo marino- intentarán impedirlo.
La novela de Miguel Luis Sancho está ambientada en las míticas costas gallegas. Sus amplias playas y sus escarpados acantilados se convierten en un escenario ideal para una narración de misterio y aventuras. No obstante, el autor no se detiene ahí, en el mero paisaje, sino que mezcla este escenario con la denuncia contra la lacra del narcotráfico.
Lo mejor del libro, sin duda, es su estructura. El autor utiliza una trama en paralelo, que conduce la acción de forma trepidante hasta un final inesperado, lleno de acción y de fantasía. En cuanto a los personajes, todos están bien caracterizados, tanto externa como interiormente, consiguiendo de esta forma que la novela sea más verosímil y creíble. Cabe destacar el enigmático “Señor de las Aguas”, que recorre las páginas de la obra siempre envuelto en un halo de misterio.
En definitiva, una novela sorprendente, llena de intriga y escrita con un estilo cuidado, que no defraudará al lector juvenil.
La novela de Miguel Luis Sancho está ambientada en las míticas costas gallegas. Sus amplias playas y sus escarpados acantilados se convierten en un escenario ideal para una narración de misterio y aventuras. No obstante, el autor no se detiene ahí, en el mero paisaje, sino que mezcla este escenario con la denuncia contra la lacra del narcotráfico.
Lo mejor del libro, sin duda, es su estructura. El autor utiliza una trama en paralelo, que conduce la acción de forma trepidante hasta un final inesperado, lleno de acción y de fantasía. En cuanto a los personajes, todos están bien caracterizados, tanto externa como interiormente, consiguiendo de esta forma que la novela sea más verosímil y creíble. Cabe destacar el enigmático “Señor de las Aguas”, que recorre las páginas de la obra siempre envuelto en un halo de misterio.
En definitiva, una novela sorprendente, llena de intriga y escrita con un estilo cuidado, que no defraudará al lector juvenil.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Segundo capítulo de primeros capítulos

2 Las últimas notas
Raspi seguía tumbado sobre la nieve
helada y recordaba el calor de aquel día de verano no había ido ni una sola vez
a la piscina. Todo el tiempo lo había pasado delante de un libro, intentando
evadirse para evitar el aburrimiento. El resumen era muy sencillo: sudor, malas
caras y horas perdidas. Sus amigos desistieron de llamarle tras la primera
semana de las vacaciones. Aquella vez el castigo iba en serio. El ordenador no
tenía teclado y el móvil estaba sin saldo.
- No puedo mantenerte a la sopa boba –decía una y otra vez su
madre-. Es tu última oportunidad, si no estudias, a trabajar.
Desde
que su padre se había ido de casa, tras los gritos acostumbrados, el silencio
más horrible se adueñó de la casa. Por eso había decidido abandonar. ¿Para qué
iba a esforzarse? Durante años, se había dedicado a quitarse de en medio, a no
ser un problema añadido. Estudiaba, ayudaba en casa, tenía su habitación para
enmarcar. Sin embargo, no sirvió para nada. Su padre ya no estaba y él deseaba
seguir sus pasos, pues su madre lloraba continuamente. Se quejaba a cada
instante. ¿Pero acaso ellos habían hecho algo para que no sucediera aquello?
*********************************************************
El
joven intentó continuar con su caminata. Se abrazó al ancho tronco del abeto y
sintió la rugosidad de su corteza en el único trozo de cara que asomaba tras el
buzo de lana. El frío le llegaba hasta el corazón y este latía muy despacio.
Se
incorporó. Movió todos los músculos de su cuerpo para desentumecerse. Se frotó
las orejas. El dolor acabaría por despertarlo. Continuó con su marcha infernal.
Ahora empezaba lo peor, la ascensión hasta el paso del Rebollal.
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Aunque
aquel cinco de septiembre fue un día horrible, no le hubiera importado sentir
aquel calor sofocante. Sobre todo el que quemó su cara cuando se sentó frente a
su tutor. Aquel hombre alto, canoso y tranquilo estaba realmente decepcionado,
pues las notas que le entregó eran las mismas que en junio. No había recuperado
ni una asignatura.
- Tendré que hablar con tus padres.
- Será con mi madre.
- ¿Y eso?
- Mi padre se fue.
El
profesor llevaba muchos años en aquel trabajo, aún así arrugó el ceño y de sus
ojos se escapó el brillo de la compasión. Se puso en pie para tranquilizarse. A
pesar del calor, vestía con unos pantalones azules y una camisa impecablemente
planchada de manga larga. Se tocó el pelo espeso y blanco de su cabeza y
comenzó a pasear de un lado a otro, con pequeños recorridos.
- Llama a tu madre, haz el favor –dijo con
voz suave.
- No tengo saldo en el móvil.
- Pues dime el número.
Concertaron
una cita para el mediodía, cuando la madre de Raspi hubiera acabado de
trabajar. Cuando colgó, el tutor estaba arrepentido. Muy mala hora con calor y
hambre, pero no había más posibilidades.
- Quédate por aquí esperando. Quiero que
estés tú también – dijo a Raspi con aquella voz que mandaba sin mandar.
El
chico abandonó la clase, aquel lugar donde había pasado la mayor parte de su
tiempo en el último año. Aún quedaban algunos posters pegados en las paredes
con miles de grapas. En la pizarra había un aviso escrito con una caligrafía
perfecta:
“Los
alumnos que hayan aprobado todo el curso, deberán ir a secretaría para abonar
las tasas de solicitud del título de secundaria”
Aquello
no iba con él. Había pasado de unas notas aceptables a cero total en solo cinco
meses. Se rascó al cabeza. A pesar de que se había cortado el pelo más que
nunca en señal también de protesta, las gotas de sudor corrían por allí como
manantiales, hasta llegar a la punta de su nariz.
- Yo me voy –se dijo a sí mismo mientras
pasaba a toda velocidad por el largo pasillo del instituto.
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