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martes, 16 de febrero de 2016

Visita al colegio Arenales Arroyomolinos

Lo digo siempre, lo que más me gusta de la visita a colegios es el contacto con los lectores. Aquellos seres que de verdad deciden si tu libro merece la pena o no, porque son ellos quienes les dan vida a tus personajes. Los editores te publican porque apuestan por ti, los profesores creen que puede gustar tu novela, pero los últimos de la fila, ellos, darán su opinión clara, sincera e inexorable (la que no se deja vencer por ruegos, según definición de la RAE). Leyeron El pozo de los mil truenos, El auténtico Grial y No escribas sobre tu muerte. Podéis ver las fotos aquí.
Después, viene una parte que nunca he comentado. es mi interés por conocer el colegio o instituto a donde voy. Soy profesor y además un poco cotilla. Hago preguntas, veo cómo se funciona, incluso qué se desayuna o cómo unos profesores felicitan a otros porque es su cumpleaños. Debo decir que me gustó lo que vi. Unos alumnos interesados y unos profesores con ilusión, pues el colegio es nuevo.
Ánimo a todos y gracias.

martes, 2 de junio de 2015

Firma en la Feria del Libro de Madrid

Ya está confirmado. Muy pronto, el domingo 7 de junio, a las 17:30, estaré en la caseta de la Editorial Palabra (230), firmando mis libros. Un bosque para ti sola, No escribas sobre tu muerte, El pozo de los mil truenos, El auténtico Grial, Un belén muy vivo, El libro de Sykem, etc. Espero que nos veamos por allí y que el tiempo acompañe, sobre todo las temperaturas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Los nuevos libros

He recibido ya dos de los libros que salen ahora. La cueva de los Doblones ya está a al venta y el resultado es muy satisfactorio. Las ilustraciones, aunque sencillas, son muy relaistas, lo que agradezco. Personalmente no me gustan las ilustraciones deformadas o caricaturizadas, a no ser que lo requiera el texto.

Para realismo las que aparecen en No escribas sobre tu muerte, el segundo libro que he recibido. En una o dos semanas estará a la venta. Ya os comenté la portada. Las del interior también ayudan a mejorar muchísimo el resultado. Esta novela, que recupera el estilo de la novela policiaca y de terror del s. XIX, os va a encantar.

Será un éxito.




lunes, 28 de febrero de 2011

Portada de No escribas sobre tu muerte


Aunque quedan algunas semanas para que se publique la novela, os dejo la portada de No escribas sobre tu muerte. Me ha parecido muy realista. Incluso pensé en un primer momento que se trataba de un montaje fotográfico. Debo felicitar al ilustrador Fernando Ferreira por su trabajo. La portada va perfectamente en consonancia con el argumento del libro. Doy las gracias también al editor por haber mantenido el título original.
En la contraportada aparece el resumen:
Una serie de asesinatos misteriosos tienen conmocionada a la ciudad
de Londres. Un escritor de relatos de terror es el sospechoso principal,
pues cómo si no podría haber descrito con tanta minuciosidad los
crímenes en sus relatos sin haber sido su autor material. Sin embargo,
un día decide llegar a la cumbre de lo horrendo, narrando su propia
muerte. A la mañana siguiente, sus caseros le encuentran sin vida, con
su maldita pluma aún entre las manos. De todos modos, una vez que se
subastan sus pertenencias, vuelven a sucederse los asesinatos.
La ambición por la fama y el reconocimiento puede empujar a las
personas hasta el borde mismo del precipicio y de la miseria moral.
Espero que os guste.

lunes, 21 de febrero de 2011

No escribas sobre tu muerte


Finalmente, con mucha alegría por mi parte, el título de la novela queda como pensé en un principio. No tengo que cambiarlo. Creo que va en consonancia con el contenido y es el más acertado. Cumple con el primer objetivo, llamar la atención del lector e introducirle en el inicio de la novela. Muchas gracias a aquellos que aportasteis vuestras ideas para un nuevo título.
Otra alegría es que pronto estará, dentro de unas semanas. Pensaba que se retrasaría más. Incluso en unos cuantos días os podré adelantar la portada. La ha llevado a cabo un gran ilustrador, en tono realista. Cuando la vi, pensé en un primer momento que se trataba de un montaje fotográfico. Tengo muchas ganas de ver las ilustraciones interiores.
Se me van a juntar los libros.

lunes, 17 de enero de 2011

No escribas sobre tu muerte


Esta novela quedó finalista del concurso de novela corta del club Zayas. Ahora saldrá publicada este año en la editorial Palabra. Sin embargo, el título no parece adecuado. Me gustaría encontrar otro con la misma fuerza. Se admiten sugerencias. Para eso, os dejo un resumen.
Un escritor de novela de terror decide escribir sobre su propia muerte para experimentar la angustia de sus personajes. Según avanza en el relato, todo va sucediendo en realidad. Al día siguiente, aparece muerto, lo cual lleva a una investigación posterior. Nada se resuelve sobre el posible asesinato. Serán años después, cuando la pluma del escritor es subastada y cae en manos de otra persona. Entonces comienzan de nuevo los extraños sucesos. El objeto misterioso parece recrear el futuro, los peores crímenes escritos con su tinta suceden en Londres. El viejo investigador que abrió su brillante carrera en Scotland Yard con el caso de la primera muerte, cree volver al pasado.
Ya podéis mandar sugerencias.

lunes, 28 de junio de 2010

Lo prometido es deuda.



Os dejo el primer capítulo de No escribas sobre tu muerte.



“Tú caes, hijo de Ébalo, arrebatado en la flor de tu juventud; yo estoy viendo la herida que me acusa. Tú eres mi dolor y mi crimen; necesario será que se escriba sobre tu tumba que mi mano te ha matado”. Las metamorfosis Libro X, capítulo V, la muerte de Jacinto. Ovidio.

CAPÍTULO I

- Sí, escribiré sobre mi muerte- dijo Jon Sullivan con voz potente.

La noche caía sobre Londres con sus penumbras y sombras. Por la ventana de su habitación entraban algunos rayos de luz rojiza.

En las calles resonaban los últimos carruajes en busca del descanso nocturno. A pesar del eco de las ruedas, Jon Sullivan se mantenía concentrado. Incluso con todos los ruidos externos, su casa victoriana situada en un barrio céntrico le servía como lugar de trabajo.

De su pluma habían salido los más horrendos crímenes y las más increíbles historias de miedo. Desde los pequeños relatos llenos de escalofriantes sucesos hasta las novelas más extensas de asesinos en serie. El éxito le había abierto su estrecha puerta.

Algunos pensaban que la mayoría de esos asesinatos habían acaecido en realidad, incluso después de haberlos narrado. Punto por punto. Son tantos sus escritos, que resultaba difícil diferenciar el límite entre la verdad y la ficción. Algún detective de Scotland Yard llegó a sospechar de él, aunque su teoría acabó en la papelera tras gustosas risas de los compañeros.

Nadie podía figurarse que aquel hombre de mediana edad, rostro enjuto, cuerpo absorbido por las horas de trabajo y mirada efímera, pudiera ser el autor material de tantas barbaridades. No se le conocía apenas ningún vicio, salvo el de escribir hasta altas horas de la madrugada y la ausencia de apetito. Comía sólo para mantenerse vivo. Bien podría pensarse que se alimentaba de las hojas de papel emborronadas que no le servían y acababan dispersas por el suelo.

Para su tarea diaria, se servía de objetos externos que le situaran en la atmósfera de sus relatos. Ardían velas por todo el despacho. Una lámpara de araña pendía en el centro del techo. En la mesa de trabajo, dos candelabros evitaban las sombras de sus manos sobre el papel. Por el suelo, había lamparillas casi consumidas que temblaban sobre las viejas tablas. Alrededor, en caóticas estanterías, los libros y sus personajes escondidos lo observaban desde la distancia. Parecían inclinarse hacia él para leer lo que escribía.

- Si no sientes verdadero pánico, no puedes trasmitirlo –se decía a menudo.

Ahora, Jon Sullivan buscaba el esplendor del miedo, el pavor absoluto trasmitido en sus escritos. La cumbre de lo horrendo. Para ello, había dado un paso más en esa exploración. Se adentraba en nuevas experiencias en busca del terror total. Esta vez, su pluma, la que siempre utilizaba, parecía correr por delante de su mano. Los trazos fuertes y diferentes a los del escritor, casi destrozaban el papel. Se hacían cada vez más y más gruesos.

Hasta ese momento, a nadie se le había pasado por la cabeza narrar su propia defunción. Necesitaba sentir el espanto cercano al frío mortal. Desafiar a la misma naturaleza y alcanzar el último límite.

En voz baja repasaba lo que su pluma garabateaba de forma apremiante y compulsiva.

“Todo está en orden: las velas, la ambientación, la soledad de la casa. Me quedan horas sin ninguna compañía. Me enfrento así a mis peores fantasmas y miedos, la muerte y la soledad. Seré el protagonista de mi relato. Sufriré lo que mis personajes han sentido en su piel por mi causa y de esta manera podrán vengarse de mí.

Comienzo a sudar sin una causa aparente. Siento frío, un estremecimiento recorre mi espalda. Nada de esto tiene una razón lógica, racional. Mi caligrafía se hace imprecisa por un momento.

Las luces tiemblan de repente, como si un aire suave las tumbara durante un instante. Me estremezco. Tengo total conciencia de que alguien mira por encima de mi cabeza y lee aquellas mismas letras que salen de mi pluma. Ésta vuela sin parar, con prisas. Parece desear mi muerte, que el destino final se anticipe.

Aquella sombra se va concretando contra la pared hasta convertirse en una figura tenebrosa. El silencio absoluto me infunde más temor. Sólo oigo el crepitar de las velas. Las llamas vuelven a moverse inquietas, igual que un caballo atado por la correa que huele a lo lejos una manada de lobos. La cera negra se consume dejando un extraño olor a azufre.

Sudo de nuevo por la frente, pero ahora sin una sola gota de agua. Mi mano, fría como la de un cadáver, intenta detener la pluma. Las venas se marcan. Adquieren un relieve inusitado y de color verde, como si fueran a explotar sin remedio. Necesito parar. Dejarlo. Romper el papel. Pero es imposible. Ni siquiera puedo alzar la cabeza para ver en todo su esplendor a mi asesino.

La pluma continúa, mis dedos la siguen. Yo sólo leo las palabras con mis ojos inquietos y aterrados.

La tinta negra muda su color. De negra a roja, como mi sangre. De nuevo un reflejo en la punta dorada.

Las fuerzas me dejan. Se nubla mi vista. Sin un golpe o cuchillada, mi vida me abandona escurriéndose sin más sobre el papel. Con mi última mirada, veo cómo mi pluma escribe estas mis últimas palabras.”

lunes, 15 de febrero de 2010

El inicio de otra novela. Esta es de misterio. Ya está acabada y creo que ha quedado muy bien.

CAPÍTULO I

- Sí, escribiré sobre mi muerte- dijo Jon Sullivan con voz potente.

La noche caía sobre Londres con sus penumbras y sombras. Por la ventana de su habitación entraban algunos rayos de luz rojiza.

En las calles resonaban los últimos carruajes en busca del descanso nocturno. A pesar del eco de las ruedas, Jon Sullivan se mantenía concentrado. Incluso con todos los ruidos externos, su casa victoriana situada en un barrio céntrico le servía como lugar de trabajo.

De su pluma habían salido los más horrendos crímenes y las más increíbles historias de miedo. Desde los pequeños relatos llenos de escalofriantes sucesos hasta las novelas más extensas de asesinos en serie. El éxito le había abierto su estrecha puerta.

Algunos pensaban que la mayoría de esos asesinatos habían acaecido en realidad, incluso después de haberlos narrado. Punto por punto. Son tantos sus escritos, que resultaba difícil diferenciar el límite entre la verdad y la ficción. Algún detective de Scotland Yard llegó a sospechar de él, aunque su teoría acabó en la papelera tras gustosas risas de los compañeros.

Nadie podía figurarse que aquel hombre de mediana edad, rostro enjuto, cuerpo absorbido por las horas de trabajo y mirada efímera, pudiera ser el autor material de tantas barbaridades. No se le conocía apenas ningún vicio, salvo el de escribir hasta altas horas de la madrugada y la ausencia de apetito. Comía sólo para mantenerse vivo. Bien podría pensarse que se alimentaba de las hojas de papel emborronadas que no le servían y acababan dispersas por el suelo.

Para su tarea diaria, se servía de objetos externos que le situaran en la atmósfera de sus relatos. Ardían velas por todo el despacho. Una lámpara de araña pendía en el centro del techo. En la mesa de trabajo, dos candelabros evitaban las sombras de sus manos sobre el papel. Por el suelo, había lamparillas casi consumidas que temblaban sobre las viejas tablas. Alrededor, en caóticas estanterías, los libros y sus personajes escondidos lo observaban desde la distancia. Parecían inclinarse hacia él para leer lo que escribía.

- Si no sientes verdadero pánico, no puedes trasmitirlo –se decía a menudo.

Ahora, Jon Sullivan buscaba el esplendor del miedo, el pavor absoluto trasmitido en sus escritos. La cumbre de lo horrendo. Para ello, había dado un paso más en esa exploración. Se adentraba en nuevas experiencias en busca del terror total. Esta vez, su pluma, la que siempre utilizaba, parecía correr por delante de su mano. Los trazos fuertes y diferentes a los del escritor, casi destrozaban el papel. Se hacían cada vez más y más gruesos.

Hasta ese momento, a nadie se le había pasado por la cabeza narrar su propia defunción. Necesitaba sentir el espanto cercano al frío mortal. Desafiar a la misma naturaleza y alcanzar el último límite.

En voz baja repasaba lo que su pluma garabateaba de forma apremiante y compulsiva.

“Todo está en orden: las velas, la ambientación, la soledad de la casa. Me quedan horas sin ninguna compañía. Me enfrento así a mis peores fantasmas y miedos, la muerte y la soledad. Seré el protagonista de mi relato. Sufriré lo que mis personajes han sentido en su piel por mi causa y de esta manera podrán vengarse de mí.

Comienzo a sudar sin una causa aparente. Siento frío, un estremecimiento recorre mi espalda. Nada de esto tiene una razón lógica, racional. Mi caligrafía se hace imprecisa por un momento.

Las luces tiemblan de repente, como si un aire suave las tumbara durante un instante. Me estremezco. Tengo total conciencia de que alguien mira por encima de mi cabeza y lee aquellas mismas letras que salen de mi pluma. Ésta vuela sin parar, con prisas. Parece desear mi muerte, que el destino final se anticipe.

Aquella sombra se va concretando contra la pared hasta convertirse en una figura tenebrosa. El silencio absoluto me infunde más temor. Sólo oigo el crepitar de las velas. Las llamas vuelven a moverse inquietas, igual que un caballo atado por la correa que huele a lo lejos una manada de lobos. La cera negra se consume dejando un extraño olor a azufre.

Sudo de nuevo por la frente, pero ahora sin una sola gota de agua. Mi mano, fría como la de un cadáver, intenta detener la pluma. Las venas se marcan. Adquieren un relieve inusitado y de color verde, como si fueran a explotar sin remedio. Necesito parar. Dejarlo. Romper el papel. Pero es imposible. Ni siquiera puedo alzar la cabeza para ver en todo su esplendor a mi asesino.

La pluma continúa, mis dedos la siguen. Yo sólo leo las palabras con mis ojos inquietos y aterrados.

La tinta negra muda su color. De negra a roja, como mi sangre. De nuevo un reflejo en la punta dorada.

Las fuerzas me dejan. Se nubla mi vista. Sin un golpe o cuchillada, mi vida me abandona escurriéndose sin más sobre el papel. Con mi última mirada, veo cómo mi pluma escribe estas mis últimas palabras.”