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martes, 8 de enero de 2013

Feliz 2013

Aprovecho la entrada para felicitar el año a todos. He dedicado estos días a desconectarme, literalmente hablando, y dejar de lado los cables y demás artilugios. ¿Noticias? Pocas. Estoy leyendo un enorme libro de crítica literaria Las armas y las letras de Andrés Trapiello, que poco tiene que ver con la literatura juvenil e infantil. Acabé de repasar la novela Soy Pedro y no tengo móvil. He de reconocer que no me gusta mucho. Tendría que darle un vuelco total. Quizás haya sido un mero entrenamiento sobre la primera persona. En eso se puede quedar. Nunca el tiempo es perdido, como dice la canción. En fin, feliz año y muchos libros.

martes, 3 de julio de 2012

Soy Pedro y no tengo móvil

Hay libros que comienzas en un momento de ¿pasión? y que después continúas por devoción, aunque siempre procuras que salga lo mejor posible. Tendré que repasarlo bastante, pero me gusta. Os dejo el primer capítulo, a ver qué os parece. No os digo más, pues el título aclara bastante.

1 ¿Quién soy?

 -          Voy a tardar bastante en explicarme, te voy avisando.

-          No importa. Empieza por el principio.

-          Vale, pues ahí va.


Así comenzó mi historia: soy Pedro, estudio primero de secundaria y no tengo móvil. Es verdad, aunque te parezca mentira. Pero más increíble es lo que sucedió este año. Te lo contaré despacio, para que te enteres bien y en orden, por supuesto. Ahora soy feliz, antes no tanto. Como sabes, si no tienes Twenty, Facebook o Washap, no eres nadie en este mundo. Pues esa sensación tenía yo. Hoy en día, en el colegio, vales tanto como tu teléfono, las películas de estreno que veas y las aplicaciones que sepas utilizar. Es decir, yo igual a cero.


Tras las largas vacaciones, después de acabar Primaria, podéis imaginar cuál fue el regalo sorpresa de mis amigos de siempre, Sandra, Michu y Calpe. A partir de entonces, solo sabían hablar y hablar de los chat, de los twiters e incluso de la música que se bajaban. Yo me quedaba solo, aparte, y mi única esperanza residía en que algún profesor avispado les quitara el aparatito. Nunca sucedía. Y eso que Calpe lo tiraba al suelo en el vestuario cuando pasaban los demás. Así se lo veían. Función táctil y no sé qué cosas más, yo no entiendo mucho.
 

Él era el más decidido, a para algunas cosas. Alto y fuerte, controlaba la clase como una torre de vigilancia. Creo que le gustaba Sandra. Algo normal, pues su pelo rubio, el rostro proporcionado y sobre todo su inteligencia no pasaban desapercibidos. En cuanto a Michu, su estatura era incluso inferior a la mía. Aún le quedaban algunos veranos para crecer en todos los sentidos. Con esta gente y en este ambiente me movía yo a diario.

Mientras, yo estudiaba, leía libros y a veces me aburría en casa. Sí. Por la tarde, ellos se intercambiaban mensajes para poder comentarlos al día siguiente. ¡Qué divertido! Menos mal que jugábamos en el recreo de la mañana y el mediodía a la “peste”, una especie de “tú la llevas”


Mi padre siempre me había dicho que el móvil atonta, pero no se hacía una idea de hasta qué punto. Sobre todo acaba con la imaginación. Quizás por eso soy un bicho raro. Bueno, se me olvidaba un último ingrediente. Tengo cuatro hermanas pequeñas, lo cual remata la jugada.
 

Después de todo esto, puedes juzgar que no era de los más populares del colegio. Empollón, sin dinero y sin móvil. Todo empezó así.