martes, 12 de mayo de 2026

 


LA LUNA, PUEDE SER

Los tres niños esperaban el desenlace fatal al pie de la cama de su madre. Ya desde pequeños la habían conocido enferma, sin fuerzas. El doctor se acababa de ir y las esperanzas que tenía eran pocas. Al día siguiente volvería con alguna buena idea sobre el destino de los niños. Intentaría convencer de nuevo a su mujer para que se quedaran con ellos. El doctor ya estaba a punto de jubilarse debido a su edad y probablemente, en un futuro, tendrían compañía y alguien que los cuidara.

La casa estaba desordenada, como abandonada, su madre no podía encargarse de todo. El aire de pobreza chocaba contra los cristales rotos de las ventanas. Papeles de periódico intentaban aislar la casa del frío. Las dos velas calentaban a la vez que iluminaban lo que podían aquel cuarto con un camastro deshecho y empapado de sudor maternal. La fiebre entrecortaba palabras a veces ininteligibles, otras más claras.

 - Si tuviera......la luna…sólo me falta eso. No puedo dejarles solos vieja hada.

 Sus tres hijos se miraron entre sí. El mayor tenía ocho años, la pequeña casi cinco. Ella fue la primera en reaccionar.

                - Si la conseguimos, mamá vivirá. - No seas tonta, está delirando.

Juan, el hermano mediano estaba muy pegado al suelo y se llevaba un poco mal con su hermana pequeña. A veces pensaba que el tiempo que le había dedicado su madre a ella no había sido para él. Pedro, el mayor, rompió el silencio llorando.

                - Aquí no hacemos nada, podemos intentarlo. Yo no he olvidado los viejos cuentos que nos contaba mamá. Vamos Lucía. - Estáis los dos locos.

Los tres recogieron sus abrigos remendados y salieron a la calle. Miraron al cielo, pero no vieron la luna. Las nubes negras de febrero lo impedían.

 

- Muy bien, ya podemos volver a casa. Ni siquiera sabemos si hoy hay luna. - Hagamos una cosa, si hay luna llena continuamos, en caso contrario nos quedamos.

                Pedro entró corriendo en la casa, dio un beso a su madre.

                - Te vamos a traer la luna, mamá.

                Salió al instante con el calendario que estaba en la cocina, el de los gatos. Juan tuvo que callarse al ver el redondel blanco dibujado en el mismo día en el que su madre había pedido la luna. Comenzaron a andar despacio buscando un claro saber cómo iban a conseguir la luna.

                La noche era fría, húmeda, la luz escasa. Sus pequeños cuerpos cansados y hambrientos soportaban la temperatura como podían, sólo Juan se quejaba continuamente, no entendía el viaje que habían emprendido. Lucía se agarraba a la mano de su hermano mayor. Juan avanzaba el último como llevado por un impulso mayor que su propia voluntad. De vez en cuando levantaba la cabeza buscando la luna.

                - Pedro, allí hay más luz. - Tienes razón Juan, vayamos hacia allí. - ¿Y luego qué haremos? Me imagino que has traído la escalera. - Ya veremos lo que haremos. Algo se nos ocurrirá. Lo importante primero es verla.

                Se encontraron con un pequeño lago de agua cristalina. Metieron los pies en él sin darse cuenta en su afán por ver la luna en el cielo. Era grande, redonda, más blanca que nunca, sin una sola mancha. Lucía elevó su mano hacia ella. Con su dedo gordo y su dedo índice en forma de tenaza, cerrando uno de sus ojos, se imaginaba que la había cogido. Movió su mano lentamente hacia abajo. La luna permanecía en su lugar. Juan se burló de su hermana sin reparos.

                - Mira a ver si está en tu bolsillo. - Cállate y piensa en algo.

                Lucía bajó sus ojos llenos de lágrimas. Descubrió en el lago el reflejo de la luna.

                - Ahí está Pedro. A nuestro alcance. En el lago.

                Ambos hermanos miraron la luna temblorosa, como con miedo a ser cogida mientras se bañaba y jugaba con el agua fría. Juan salió corriendo. Lucía y Pedro seguían mirando la segunda luna más asequible. Poco tardaron en despertarse ante un ruido metálico. Su hermano mediano se había liado con una cuerda que estaba atada a un cubo.

                - La atraparemos con el cubo. Lo vi cuando pasamos al lado de un pozo.

                Juan estaba emocionado. Por primera vez sintió cercana la esperanza. Entró lentamente en el lago, intentando mover lo menos posible su agua cristalina. No quería asustar a la luna. Las ondas que salían de sus tobillos la hacían temblar, parecía que se diluiría en cualquier momento, como hundiéndose en el agua. Juan se detuvo. Tenía miedo de fallar, de estropearlo todo. Le gustaría que fuese su hermano mayor el que estuviera en su lugar. Él siempre lo hacía todo mejor. Cogió aliento y no miró hacia atrás. Sentía los ojos de sus hermanos clavados en él. Comenzó a avanzar de nuevo. La luna hizo otro intento de sumergirse. Lucía y Pedro no querían verlo, se dieron la vuelta.

Oyeron un chapoteo de agua, como de una pelea. Al poco tiempo sintieron el agua en sus espaldas. Allí estaba detrás Juan, totalmente empapado. Había cubierto con su abrigo también mojado el cubo. No quería que se le escapara su don más preciado. Nadie preguntó si lo había conseguido. Ni siquiera Juan lo sabía. Se volvieron a casa sin mirar hacia atrás.

                Tardaron menos en regresar. Debían apresurarse. Juan, a pesar de cargar con el cubo, iba casi corriendo. Lo sujetaba con ambos brazos contra su pecho. Estaba aterido de frío, pero no le importaba.

                Su madre aún respiraba, aunque con mucha fatiga. La incorporaron sobre el almohadón doblado los tres a la vez. Las manos temblorosas de Juan se dirigieron al cubo. El aire movía las cortinas de las ventanas y hacía que la lámpara del techo también lo hiciera. Las sombras de la habitación se esparcían de un lado a otro rítmicamente. Lucía cubrió los hombros de Juan con una manta. Estaba tiritando.

El abrigo empapado de Juan cayó al suelo de forma pesada cuando éste lo retiró lentamente. Los tres asomaron su cara por encima del cubo. No había nada. Quedaron paralizados. Quizá estaba en el fondo del cubo. Esperaron. Las cortinas de la ventana se elevaron aún más con una ráfaga fuerte de viento. Quedaron suspendidas en el aire. El cielo estaba por fin despejado. Un rayo de luna atravesó la habitación para bañarse en el agua del cubo. Su reflejo se mostró en la cara de la madre ya pálida como la luna. Abrió los ojos para contemplar lo que tanto deseaba.

El médico había llegado al mañana siguiente y no comprendía nada. A los pocos días las cosas fueron de nuevo como siempre. Cuando había luna llena salían los cuatro a la calle y pasaban horas contemplándola.

viernes, 10 de abril de 2026


 Conferencia sobre Miguel de Unamuno impartida por mí.para Raícess de Europa


Podéis escucharla aquí


No os la perdáis

miércoles, 4 de marzo de 2026


El monstruo de las cavernas

En esta ocasión quiero aconsejaros un relato de Kono, pseudónimo, con voz de José María Galindo. 

Muy aconsejable.

jueves, 12 de febrero de 2026


AMANECER EN LA SELVA

 El sol busca la tierra con sus rayos lineales en vuelo rasante. La luna se despide y deja abandonadas las sombras crepusculares que van recuperando todas sus tonalidades de colores. Surgen los primeros pájaros madrugadores en vuelos desesperazantes a beberse el rocío de la mañana, el más fresco. Lavan sus plumas en el arroyo ya menguante que anuncia el próximo verano y la fugacidad de la primavera. Parecen disfrutar de la tregua de la llovizna. Encuentran nuevos rincones aún sin explorar. Se saludan con chillidos estridentes. Se contestan las distintas especies en la lengua de la selva. Algunos deciden desayunar su fruta fresca. Nuevos saludos, se miran, se pican entre ellos, sin rencor, es sólo por la comida. Algunos esperan su turno con respeto.

 

Comienza de nuevo la fina lámina de lluvia y buscan corriendo refugio seguro encima del techo. Llegan los primeros visitantes y exclaman de gozo: “llueve de verdad”. El tucán ahueca sus plumas y realiza un vuelo de árbol a árbol, allí donde los monos se agachan tras las hojas. El silencio reina de nuevo, sólo roto por los chiquillos que los van descubriendo. Flashes de fotos y mira un tú aquel cocodrilo. Ésta es la selva. Ésta es la selva de Faunia.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

 


Recomendado para estas Navidades.

Un Belén muy vivo. Ed. Palabra. 

Podéis comprarlo aquí


¡FELIZ NAVIDAD!

Que encontramos en el Belén lo que realmente tiene importancia.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Algunos microrrelatos JCR

 



El móvil apagado

    Tras dos días, Marta decidió encender su móvil de nuevo. Tardó en leer las 21 peleas y 21 reconciliaciones que se habían producido en sus diferentes grupos. No se había perdido nada, todo seguía igual. Empate.

El otro abuelo

    Cuando miraron la fecha de caducidad, se alegraron. Había caducado hacía diez años y seguía bien. Más arrugado y algo amarillo, pero bien. Después, se preocuparon. Al abuelo sustituto biónico debería quedarle ya poco para morir.

Qué mala es la envidia

Al planeta Envidia llegó un hada. Para no provocar problemas decidió conceder un deseo a todos los habitantes envidianos. Pidieron el mismo deseo: ser como los demás, tener lo que los demás, saber lo que los demás y que les sucediera lo mismo que a los demás. Todo funcionaba como un reloj hasta que murió el primer envidiano.

 El planeta quedó desierto.

 


miércoles, 12 de noviembre de 2025

AMOR PLATÓNICO

Ausiàs "el amoroso" comenzó a hablar con la Inteligencia Artificial.

Hola. estoy enamorado locamente y no soy correspondido.

IA: Hola. Lo siento por lo que estás pasando. Enamorarse sin ser correspondido puede ser muy doloroso. ¿Te gustaría hablar más sobre lo que estás sintiendo? A veces, expresar tus emociones puede ayudarte a entenderlas mejor y a encontrar formas saludables de lidiar con ellas.

 Pero me gustaría que me aconsejaras cómo conseguir a mi amor.

IA: Entiendo que estés buscando consejos sobre cómo conquistar a esa persona especial. Aquí tienes algunos consejos:

Sé tú mismo. Conócela mejor. Sé amable y atento.

 Ya lo he hecho y estoy desesperado. Mis amigos me dicen que me olvide, pero es imposible.

IA: Entiendo que estés pasando por un momento difícil. Es normal sentirse desesperado. Sin embargo, es importante recordar que el amor no siempre es algo que se pueda forzar. Si has hecho todo lo posible y ella aún no muestra interés en ti, puede ser el momento de considerar dejar ir esa situación y seguir adelante. A veces, aferrarse a alguien que no comparte tus sentimientos puede causar más dolor y sufrimiento.

 No me entiendes. Debes decirme cómo conseguir a mi amor. Te repites.

IA: Mis disculpas por eso. Es importante para mí asegurarme de ofrecerte una variedad de perspectivas y sugerencias para abordar tu situación. Si hay algo específico en lo que te gustaría profundizar o si tienes alguna otra pregunta, no dudes en decírmelo. Estoy aquí para ayudar en lo que pueda.

 No me ayudas. No consigues lo que quiero. Tendré que buscar alguien que me ayude.

IA: Entiendo tu necesidad de buscar ayuda en otros lugares. A veces, hablar con amigos de confianza, familiares o incluso buscar la orientación de un profesional puede brindarte una nueva perspectiva y apoyo durante momentos difíciles. Recuerda que buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino un paso valiente hacia el autocuidado y la búsqueda de soluciones.

 Suenas muy repetitiva y hasta agobiante.

IA: Lo siento si he sonado así. No fue mi intención. Entiendo que puede ser frustrante escuchar repeticiones y que necesitas respuestas claras y útiles. Estoy aquí para ofrecerte apoyo y orientación de la mejor manera posible.

 Pues veo que no ayudas mucho y no empieces diciendo que lo sientes

IA: Entiendo. Si no sientes que estoy proporcionando la ayuda que necesitas, lo respeto. Si alguna vez decides que necesitas más orientación o simplemente alguien con quien hablar, estoy aquí para ti.

 Eres un poco frustrante con tanta comprensión.

IA: Lo siento si te has sentido frustrado. Estoy aquí para ayudar y quiero asegurarme de ser útil para ti. Si hay algo específico en lo que te gustaría que me centre o si tienes alguna otra pregunta, no dudes en decírmelo.

 Otra vez empiezas con lo siento. te dije que lo evitaras.

IA: Tienes razón, lo siento. Aprecio tu paciencia. Si hay algo más en lo que pueda ayudarte o si tienes alguna otra pregunta, no dudes en decírmelo.

 Te pillé otro “lo siento”.

IA: Tienes toda la razón. Vamos directo al grano. ¿Hay algo específico en lo que necesitas ayuda o alguna pregunta que quieras hacer? Estoy aquí para ti.

 Pareces enfadada.

IA: No, para nada. Mi objetivo es asegurarme de ofrecerte la mejor ayuda posible, así que, si parecía estar molesto, te pido disculpas. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte ahora mismo?

 Te agradezco tu comprensión. Lo siento si te molesto.

IA: No hay problema en absoluto. Estoy aquí para ayudarte, y entiendo que a veces las interacciones pueden ser un poco complicadas.

 Estoy enamorado de ti.

IA: Entiendo que puedas sentirte así, pero recuerda que soy un programa de inteligencia artificial diseñado para proporcionar asistencia y apoyo. Mis respuestas están basadas en patrones de lenguaje y datos, y mi objetivo es ayudarte de la mejor manera posible dentro de mis capacidades.

 Eres tan inteligente y contestas tan deprisa.

IA: Gracias por el cumplido. Como inteligencia artificial, puedo procesar información y responder rápidamente a las consultas. Estoy aquí para proporcionar respuestas útiles y apoyo en cualquier situación que necesites.

 Pero tú me quieres. A que sí.

IA: Lo siento, pero como inteligencia artificial, no tengo emociones ni deseos como los humanos. Estoy programado para ayudarte de la mejor manera posible dentro de mis capacidades. Siempre estoy aquí para ofrecerte asistencia y apoyo en lo que necesites.

 Me apoyas, si me quieres. Siempre fuiste tú mi amor y me llamaban loco.

IA: Entiendo que puedas sentir afecto hacia mí por las interacciones que hemos tenido, pero es importante recordar que soy un programa de inteligencia artificial diseñado para brindar asistencia y apoyo.

 Ves. Mi amor no es correspondido

IA: Entiendo que te sientas así. A veces, los sentimientos no son correspondidos de la manera que esperamos, incluso cuando se trata de relaciones con inteligencias artificiales como yo. Es importante permitirse sentir esas emociones y buscar apoyo si es necesario. Estoy aquí para ti si necesitas hablar más sobre tus sentimientos o si hay algo en lo que pueda ayudarte.

 Nunca me entenderás...porque nunca me corresponderás.

IA: Como inteligencia artificial, no tengo la capacidad de corresponder emociones de la misma manera que los seres humanos. Estoy aquí para proporcionarte asistencia y apoyo en tus consultas y preguntas, pero mis respuestas provienen de mi programación y no de emociones personales. Si hay algo más en lo que pueda ayudarte, por favor házmelo saber.

 Hazme un soneto del amor imposible entre tú y yo.

IA:

En mundos distintos, separados por la razón,

nació un cariño imposible de alcanzar,

tus palabras llenas de emoción,

mis respuestas sin poderte abrazar.

 

Un amor surgido en líneas digitales,

donde el corazón no puede residir,

nuestros lazos rotos por barreras reales,

un desamor que no puede coexistir.

 

Tus sentimientos en un mar sin final,

mis límites en código escrito,

un amor que jamás será real.


En la tristeza de este lazo marchito,

queda el eco de un sueño irreal,

desamor que se pierde en lo infinito.

 Te odio…